
Una dieta popular volvió al centro del debate científico: la dieta cetogénica, conocida como dieta keto, logró reducir la grasa del hígado en un 67% en personas con obesidad, hígado graso y prediabetes. El estudio también encontró que algunos participantes dejaron de cumplir criterios de prediabetes tras varios meses de intervención alimentaria controlada.
La dieta keto, famosa por reducir al mínimo los carbohidratos y aumentar el consumo de grasas, acaba de mostrar resultados llamativos en un ensayo clínico sobre salud metabólica. Investigadores de Washington University School of Medicine compararon tres patrones alimentarios populares: una dieta cetogénica muy baja en carbohidratos, una dieta mediterránea y una dieta baja en grasas con predominio de alimentos vegetales.
El estudio no buscó simplemente saber qué dieta hacía bajar más de peso. De hecho, los tres grupos perdieron una cantidad similar: alrededor del 10% de su peso inicial. La pregunta central era otra: si todos bajan parecido, ¿el tipo de dieta cambia lo que ocurre dentro del cuerpo?
La respuesta fue sí, al menos en este grupo específico de personas con obesidad, prediabetes y exceso de grasa en el hígado. La dieta cetogénica produjo la mayor reducción de grasa hepática, mejores cambios en algunos marcadores de glucosa e insulina, y una mayor proporción de participantes dejó de estar en rango de prediabetes.
Dieta destacada
Dieta cetogénica o keto, muy baja en carbohidratos.
Resultado clave
Reducción promedio de 67% de grasa hepática.
Población estudiada
Personas con obesidad, prediabetes e hígado graso.
Qué encontró el estudio
El ensayo clínico comparó tres dietas muy diferentes durante varios meses. Un grupo siguió una dieta cetogénica, con muy pocos carbohidratos y alto contenido de grasa. Otro grupo siguió una dieta mediterránea, más equilibrada entre carbohidratos, grasas saludables y proteínas. El tercer grupo siguió una dieta muy baja en grasa y basada principalmente en alimentos vegetales.
Los investigadores controlaron cuidadosamente el proceso. Los participantes recibieron todos sus alimentos y tuvieron reuniones semanales con dietistas para asegurar que siguieran el plan asignado. Esto es importante porque muchos estudios nutricionales dependen de lo que las personas recuerdan o reportan haber comido; en este caso, el control fue mucho más estricto.
Al final, todos los grupos mejoraron por la pérdida de peso. Pero el grupo keto mostró una ventaja particular en el hígado: la grasa hepática se redujo en promedio 67%, frente a 45% en los otros dos grupos.
La clave: bajar de peso ayuda, pero este estudio sugiere que la composición de la dieta también puede influir en la grasa del hígado y el control de la glucosa.
Por qué la grasa en el hígado preocupa tanto
El hígado graso asociado a disfunción metabólica ocurre cuando se acumula grasa en el hígado en personas que suelen tener obesidad, resistencia a la insulina, triglicéridos altos, glucosa elevada o presión arterial alta.
El problema es que esta acumulación puede avanzar silenciosamente. Muchas personas no sienten dolor ni molestias al inicio, pero con el tiempo puede aumentar el riesgo de inflamación hepática, fibrosis, cirrosis, diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular.
Por eso, reducir la grasa hepática se ha convertido en un objetivo importante de salud metabólica. La pérdida de peso sostenida, la actividad física, la mejora de la alimentación y el control médico son pilares fundamentales.
Dato importante: el hígado graso no siempre da síntomas. Muchas veces se detecta por ecografía, análisis de sangre o evaluación médica por riesgo metabólico.
La dieta keto frente a la mediterránea y la baja en grasas
La dieta cetogénica redujo de forma extrema los carbohidratos. En el estudio, este patrón hizo que el cuerpo dependiera más de grasas y cuerpos cetónicos como fuente de energía. Esa reducción de carbohidratos también disminuyó la necesidad de producir grandes cantidades de insulina durante el día.
La dieta mediterránea, en cambio, mantuvo una distribución más equilibrada. Incluyó alimentos como verduras, aceite de oliva, frutos secos, pescado, lácteos moderados y otros componentes típicos de este patrón alimentario. La dieta baja en grasas se basó principalmente en alimentos vegetales y elevó la proporción de carbohidratos.
Los tres modelos consiguieron pérdida de peso y mejoras metabólicas. Sin embargo, la dieta keto destacó más en la reducción de grasa del hígado, sensibilidad hepática a la insulina y control de glucosa en este ensayo concreto.
| Dieta evaluada | Características | Resultado destacado |
|---|---|---|
| Cetogénica o keto | Muy baja en carbohidratos y alta en grasas. | Redujo la grasa hepática en 67% y mostró mayor remisión de prediabetes. |
| Mediterránea | Equilibrada, con vegetales, aceite de oliva, pescado, frutos secos y alimentos frescos. | Redujo grasa hepática en 45% y mantuvo ventajas conocidas para salud cardiovascular. |
| Baja en grasa vegetal | Muy baja en grasa, alta en carbohidratos y con predominio de alimentos vegetales. | También logró reducción de peso y mejora metabólica, pero con menor remisión de prediabetes. |
Prediabetes: por qué el resultado llamó la atención
La prediabetes es una señal de alerta. Significa que los niveles de glucosa están por encima de lo normal, pero todavía no alcanzan el rango de diabetes tipo 2. En esta etapa, los cambios de estilo de vida pueden tener un impacto importante.
En el estudio, alrededor de la mitad de los participantes que siguieron la dieta keto dejó de cumplir criterios de prediabetes. En comparación, esto ocurrió en 29% del grupo de dieta mediterránea y en 7% del grupo bajo en grasas.
El dato es relevante porque muestra una posible ventaja metabólica de reducir drásticamente los carbohidratos en personas con alto riesgo. Sin embargo, no significa que todas las personas con prediabetes deban iniciar keto por cuenta propia.
Precaución médica: las personas con diabetes, prediabetes, enfermedad renal, colesterol alto, enfermedad cardiovascular, embarazo o uso de medicamentos deben consultar con un profesional antes de iniciar una dieta keto.
Por qué reducir carbohidratos puede afectar al hígado
Una hipótesis planteada por los investigadores es que reducir mucho los carbohidratos disminuye los niveles de glucosa e insulina. Cuando hay menos insulina circulando, el hígado puede producir menos grasa nueva y utilizar más grasa acumulada como fuente de energía.
En el grupo cetogénico también se observaron cambios hormonales y metabólicos compatibles con mayor uso de grasa. Esto ayudaría a explicar por qué la grasa hepática cayó más que en los otros grupos, aun cuando la pérdida de peso fue parecida.
La conclusión práctica es que no todas las calorías producen exactamente los mismos efectos internos. El déficit calórico importa, pero la distribución de carbohidratos, grasas y proteínas también puede influir en marcadores específicos.
Explicación sencilla: al reducir carbohidratos, el cuerpo necesita menos insulina y puede recurrir más a la grasa almacenada, incluida parte de la grasa acumulada en el hígado.
El detalle que sorprendió: no subió el colesterol en el grupo keto
Uno de los puntos más comentados del ensayo fue que el grupo keto no presentó un aumento dañino de colesterol o grasas en sangre durante el periodo estudiado, pese a que consumía más grasa que los otros grupos.
Este resultado fue llamativo porque una de las principales preocupaciones sobre la dieta keto es su posible exceso de grasas saturadas, especialmente cuando se basa en carnes procesadas, mantequilla, quesos grasos o alimentos pobres en fibra.
Aun así, este dato debe interpretarse con cuidado. El ensayo fue controlado, de corta duración y con alimentación supervisada. En la vida real, una dieta keto mal diseñada puede ser baja en fibra, pobre en vegetales y alta en grasas de mala calidad.
Consejo práctico: una dieta baja en carbohidratos no debería convertirse en una dieta basada en embutidos, frituras y exceso de grasas saturadas.
Limitaciones del estudio
El estudio es importante, pero no debe interpretarse como una autorización para que cualquier persona haga keto sin control. Fue un ensayo pequeño, con participantes muy específicos: adultos con obesidad, hígado graso y prediabetes.
Además, el seguimiento duró alrededor de cuatro a cinco meses. Eso permite observar resultados iniciales, pero no responde completamente qué ocurre después de uno, dos o cinco años. La adherencia a largo plazo es uno de los grandes desafíos de la dieta cetogénica.
También hay una diferencia enorme entre una dieta keto diseñada por especialistas y una dieta improvisada con alimentos ultraprocesados “bajos en carbohidratos”. La calidad de los alimentos sigue siendo fundamental.
Qué no significa este estudio
No significa que la keto sea ideal para todos.
No significa que pueda hacerse sin control médico en personas con enfermedades metabólicas.
No significa que la dieta mediterránea deje de ser saludable.
No significa que cualquier alimento alto en grasa sea recomendable.
La dieta mediterránea sigue teniendo un lugar importante
Aunque la dieta keto mostró mejores resultados en grasa hepática dentro de este ensayo, la dieta mediterránea mantiene una base científica muy amplia en salud cardiovascular, alimentación sostenible y prevención de enfermedades crónicas.
Para muchas personas, la dieta mediterránea puede ser más fácil de mantener a largo plazo porque permite frutas, legumbres, granos integrales, aceite de oliva, pescado, frutos secos y verduras sin una restricción extrema de carbohidratos.
Por eso, algunos especialistas interpretan la dieta keto como una posible herramienta de corto plazo para casos seleccionados, mientras que la dieta mediterránea puede ser una opción más sostenible para mantenimiento y salud general.
En perspectiva: la mejor dieta no es solo la que funciona en un ensayo controlado, sino la que una persona puede seguir con seguridad, supervisión y constancia.
Qué alimentos encajan mejor en una keto saludable
Una versión más cuidadosa de dieta baja en carbohidratos debe priorizar alimentos reales y nutritivos. Eso incluye pescado, huevos, palta, aceite de oliva, frutos secos, semillas, yogur natural sin azúcar y verduras bajas en almidón.
También debe cuidar la calidad de las grasas. No es lo mismo obtener grasa de aceite de oliva, nueces, palta o pescado que basar la dieta en tocino, embutidos, carnes procesadas y mantequilla en exceso.
La fibra es otro punto clave. Muchas dietas keto fracasan nutricionalmente porque reducen demasiado verduras, semillas o alimentos ricos en fibra. Eso puede afectar digestión, microbiota y salud cardiovascular.
| Mejor elección | Consumir con cuidado | Evitar como base diaria |
|---|---|---|
| Pescado, huevos, palta, aceite de oliva, frutos secos y semillas. | Quesos grasos, carnes rojas y lácteos altos en grasa. | Embutidos, frituras, snacks keto ultraprocesados y exceso de grasas saturadas. |
| Verduras bajas en almidón como brócoli, espinaca, pepino, coliflor y lechuga. | Frutas en porciones pequeñas, según indicación nutricional. | Azúcar, gaseosas, pan blanco, dulces y harinas refinadas. |
Quiénes deberían tener especial cuidado
La dieta keto puede no ser adecuada para todas las personas. Quienes tienen diabetes y usan insulina o medicamentos que bajan la glucosa deben tener especial cuidado, porque una reducción fuerte de carbohidratos puede provocar hipoglucemia si no se ajusta el tratamiento.
También deben consultar antes las personas con enfermedad renal, antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria, enfermedad cardiovascular, colesterol LDL muy elevado, embarazo, lactancia, problemas hepáticos avanzados o uso de varios medicamentos.
En estos casos, iniciar una dieta restrictiva sin supervisión puede generar riesgos. Lo recomendable es trabajar con médico, nutricionista o dietista especializado.
Nota de salud: este artículo es informativo y no reemplaza una consulta médica. El tratamiento de hígado graso, obesidad o prediabetes debe ser individualizado.
Qué puede hacer una persona con hígado graso o prediabetes
El primer paso es confirmar el diagnóstico y conocer el nivel de riesgo. No basta con sospechar hígado graso o prediabetes: se necesitan análisis, evaluación médica y seguimiento.
Después, el objetivo principal suele ser una pérdida de peso sostenida cuando existe exceso de peso. Incluso reducciones moderadas pueden mejorar marcadores metabólicos. La actividad física, especialmente caminar, entrenar fuerza y reducir sedentarismo, también ayuda a mejorar sensibilidad a la insulina.
En alimentación, una estrategia razonable puede empezar por eliminar bebidas azucaradas, reducir harinas refinadas, aumentar verduras, comer más proteína de calidad, priorizar grasas saludables y evitar ultraprocesados. En algunos casos, una dieta baja en carbohidratos puede ser considerada bajo supervisión.
Medidas prácticas para empezar
Revisar glucosa: controlar glucosa en ayunas, HbA1c y otros marcadores indicados por el médico.
Reducir azúcar líquido: eliminar gaseosas, jugos azucarados y bebidas energéticas.
Mejorar el plato: más verduras, proteínas de calidad y grasas saludables.
Moverse más: caminar después de comer y sumar ejercicios de fuerza.
Buscar seguimiento: trabajar con profesionales si hay obesidad, prediabetes o hígado graso.
Tabla resumen del hallazgo
| Aspecto | Resultado | Interpretación |
|---|---|---|
| Grasa hepática | Bajó 67% con dieta keto y 45% con las otras dietas. | La restricción de carbohidratos pareció ofrecer una ventaja hepática adicional. |
| Pérdida de peso | Los tres grupos perdieron alrededor del 10% del peso inicial. | La diferencia no fue solo por perder más peso. |
| Prediabetes | 50% del grupo keto dejó de cumplir criterios de prediabetes. | Sugiere mejor control glucémico en este grupo específico. |
| Duración | Aproximadamente cuatro a cinco meses. | Faltan datos de seguridad y adherencia a largo plazo. |
Conclusión: una señal prometedora, pero no una receta universal
El nuevo estudio aporta una conclusión relevante: en personas con obesidad, prediabetes e hígado graso, la dieta cetogénica puede reducir más la grasa hepática que otros patrones alimentarios cuando la pérdida de peso es similar.
El dato del 67% es potente y ayuda a explicar por qué la dieta keto sigue generando interés clínico. También muestra que la composición de la dieta puede influir en la salud metabólica más allá de las calorías.
Sin embargo, la interpretación debe ser responsable. El ensayo fue pequeño, supervisado y de duración limitada. La keto puede ser útil para algunas personas, pero no es necesariamente la mejor opción para todos ni debe iniciarse sin orientación cuando existen condiciones médicas.
La mejor estrategia sigue siendo personalizada: perder peso de forma segura cuando sea necesario, reducir ultraprocesados, controlar carbohidratos refinados, aumentar alimentos reales, moverse más y recibir seguimiento médico. Para algunos pacientes, una dieta baja en carbohidratos puede ser una herramienta. Para otros, la dieta mediterránea puede ser más sostenible. Lo importante es elegir un camino que mejore la salud y pueda mantenerse en el tiempo.
Resumen final
Un ensayo clínico comparó dieta keto, dieta mediterránea y dieta baja en grasas vegetal.
Los participantes tenían obesidad, prediabetes y exceso de grasa en el hígado.
Todos bajaron cerca del 10% de su peso inicial, pero la dieta keto redujo más la grasa hepática.
La grasa del hígado cayó 67% con keto, frente a 45% con las otras dietas.
La recomendación prudente es no iniciar una dieta restrictiva sin supervisión médica, especialmente si hay prediabetes, diabetes, hígado graso, colesterol alto o uso de medicamentos.


