
Un grupo internacional de científicos ha logrado utilizar residuos de hongos como herramienta natural para eliminar microplásticos del agua, marcando un avance prometedor en la lucha contra la contaminación global.El estudio, liderado por la Universidad de Helsinki en colaboración con centros de investigación de Chile y Japón, demuestra que los polisacáridos presentes en los desechos fúngicos pueden capturar y desintegrar partículas plásticas microscópicas, ofreciendo una alternativa ecológica a los filtros sintéticos.
1. Un problema global que requiere soluciones naturales
Los microplásticos —fragmentos menores a 5 milímetros presentes en ríos, mares y suelos— se han convertido en uno de los mayores desafíos ambientales del siglo XXI.
Proceden del desgaste de envases, fibras textiles y cosméticos, y ya se han detectado en fuentes de agua potable y alimentos.
Según la ONU, cada persona podría ingerir más de 50 000 partículas plásticas al año.
Frente a este panorama, los investigadores buscan métodos sostenibles de eliminación que no dependan de químicos agresivos ni infraestructuras costosas.
Y ahí es donde los hongos, tradicionalmente asociados a la medicina o la alimentación, han revelado un potencial inesperado.
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2. Hongos como aliados en la descontaminación
El estudio, publicado en Nature Sustainability (octubre 2025), utilizó residuos fúngicos derivados de la industria alimentaria, principalmente del género Ganoderma y Pleurotus (setas y hongos comestibles).
Estos residuos, ricos en quitina y β-glucanos, fueron tratados para crear biopolímeros absorbentes capaces de atraer microplásticos por cargas eléctricas y enlaces hidrofóbicos.
En pruebas de laboratorio, una pequeña cantidad del material fúngico logró retener hasta el 90 % de microplásticos en agua dulce y marina.
Además, tras varias horas de exposición, ciertas enzimas fúngicas comenzaron a fragmentar químicamente las cadenas de polímeros, iniciando un proceso de biodegradación controlada.
3. Una biotecnología de bajo costo y alto impacto
Uno de los mayores logros del proyecto es su viabilidad económica y ambiental.
El equipo propone aprovechar los residuos agrícolas y alimentarios que hoy se desechan en toneladas, transformándolos en filtros biológicos reutilizables.
Estos filtros podrían aplicarse en plantas de tratamiento de agua, industrias textiles y sistemas domésticos.
La doctora Liisa Nieminen, coordinadora del estudio, señala:
“Estamos transformando desechos en una herramienta de purificación. Es economía circular aplicada a la biotecnología ambiental.”
Los investigadores también trabajan en prototipos modulares capaces de integrarse en sistemas de depuración urbana, sin alterar los procesos existentes.
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4. Microorganismos contra el plástico: una tendencia emergente
El uso de hongos y bacterias para combatir la contaminación plástica se ha convertido en una de las fronteras más prometedoras de la ciencia ambiental.
Anteriormente, se descubrió que el hongo Aspergillus tubingensis puede degradar plásticos de poliuretano, mientras que el Ideonella sakaiensis —una bacteria japonesa— consume PET como fuente de energía.
La novedad del proyecto de 2025 radica en que no utiliza organismos vivos, sino los subproductos de su metabolismo, eliminando riesgos biológicos y reduciendo costos.
Esto permite producir grandes volúmenes de material purificador con mínimo impacto ambiental.
5. Implicaciones para Latinoamérica y el Perú
En América Latina, donde los ríos y costas acumulan toneladas de microplásticos, esta tecnología ofrece una oportunidad de aplicación directa.
Países como Perú y Chile —ambos con industrias agroalimentarias que generan residuos fúngicos— podrían implementar estos biofiltros en plantas de tratamiento y comunidades rurales.
Investigadores peruanos del Instituto del Mar del Perú (IMARPE) ya han mostrado interés en adaptar el método para limpiar aguas costeras afectadas por residuos industriales y microfibras sintéticas.
La colaboración entre universidades y startups ambientales podría convertir esta innovación en una herramienta clave de conservación marina.
Conclusiones: cuando la naturaleza enseña a limpiar sus heridas
El hallazgo demuestra que la solución a la contaminación plástica podría venir de la propia naturaleza.
Los hongos, antiguos recicladores del planeta, ofrecen una alternativa inteligente y sostenible a los métodos tradicionales de filtrado y degradación.
Esta tecnología refleja un cambio de paradigma en la ciencia ambiental: pasar de eliminar residuos a reaprovecharlos como aliados biológicos.
Cada paso hacia la reducción de microplásticos es también un paso hacia una relación más armoniosa entre innovación y ecosistema.
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Fuentes Consultadas
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Nature Sustainability – Fungal Residue-Based Polymers for Microplastic Removal, octubre 2025.
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Universidad de Helsinki – Department of Environmental Biotechnology, Annual Report 2025.
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IMARPE – Microplastic Pollution in Peruvian Waters 2025.
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ONU Medio Ambiente – State of Microplastic Contamination 2025.
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FAO – Circular Bioeconomy in Latin America: Sustainable Applications.


