
Arqueólogos descubrieron en la antigua ciudad romana de Salona, en Croacia, una tumba inusual que ha llamado la atención de los especialistas: el cuerpo fue enterrado boca abajo y acompañado por un conjunto excepcional de objetos de vidrio, cerámica, gemas y fragmentos de bronce. El hallazgo, identificado como la tumba 162, abre nuevas preguntas sobre las prácticas funerarias romanas y sobre las razones que pudieron llevar a colocar al difunto en una posición tan poco común.
Una nueva excavación en la necrópolis occidental de Salona, cerca de la actual ciudad de Solin, en Croacia, ha revelado una escena funeraria tan rara como intrigante. Durante la quinta temporada de investigaciones en el sector conocido como Hortus Metrodori, los arqueólogos hallaron una tumba romana en la que el difunto no fue colocado sobre la espalda, como era habitual en muchas inhumaciones, sino boca abajo, con el cuerpo apoyado sobre el vientre.
La tumba fue registrada como Grob 162 o tumba 162. Lo que la hace especialmente importante no es solo la postura del cuerpo, sino también la riqueza de los objetos funerarios encontrados a su alrededor: recipientes de vidrio, balsamarios, vasijas cerámicas, gemas grabadas y restos de un objeto de bronce.
El descubrimiento se produjo en una zona arqueológica de enorme valor histórico. Salona fue una de las ciudades más importantes de la costa oriental del Adriático durante la época romana y llegó a ser capital de la provincia de Dalmacia. Sus cementerios, caminos, muros y monumentos funerarios permiten reconstruir cómo vivían, morían y recordaban a sus muertos los habitantes de una ciudad clave del Imperio romano.
Lugar del hallazgo
Hortus Metrodori, necrópolis occidental de Salona, Croacia.
Tumba destacada
La tumba 162 contenía un cuerpo colocado boca abajo.
Objetos hallados
Vidrio, cerámica, gemas y fragmentos de bronce.
Una tumba romana que rompe el patrón habitual
En muchas necrópolis romanas, los cuerpos inhumados eran colocados extendidos sobre la espalda. Por eso, encontrar un entierro boca abajo resulta llamativo. No significa automáticamente que se trate de un castigo, una persona marginada o un rito oscuro, pero sí indica que esa sepultura requiere un análisis más cuidadoso.
La tumba 162 destacó precisamente por esa combinación de rareza y riqueza. Si el cuerpo hubiera aparecido boca abajo sin objetos, algunos investigadores podrían pensar en una sepultura apresurada, marginal o excepcional. Pero en este caso, el difunto fue acompañado por numerosos bienes funerarios, lo que impide llegar a conclusiones simples.
Los arqueólogos aún no han explicado de manera definitiva por qué la persona fue enterrada en esa posición. Esa respuesta dependerá de estudios bioarqueológicos, análisis de los huesos, revisión del contexto de la tumba y comparación con otros enterramientos romanos similares.
La clave: el cuerpo boca abajo vuelve excepcional la tumba, pero los objetos de vidrio y cerámica muestran que no fue una sepultura descuidada ni necesariamente marginal.
Qué encontraron dentro de la tumba 162
El conjunto funerario de la tumba 162 incluye tres botellas de vidrio, una pequeña vasija de vidrio, tres balsamarios de vidrio, cuatro recipientes cerámicos, dos gemas y fragmentos de un objeto de bronce.
Los balsamarios, también conocidos como unguentarios, eran pequeños recipientes usados en el mundo romano para contener perfumes, aceites, ungüentos o sustancias aromáticas. Su presencia en tumbas no es extraña, ya que los perfumes y aceites podían formar parte de los ritos funerarios, del cuidado del cuerpo o de las ofrendas para el más allá.
Uno de los objetos más llamativos es un balsamario con forma de dátil. Este tipo de pieza imitaba la apariencia de un fruto, con cuerpo alargado y textura decorativa. Su presencia sugiere un gusto por objetos refinados y simbólicos, aunque todavía no se ha determinado con certeza su origen ni su contenido original.
Dato arqueológico: los objetos de vidrio son especialmente valiosos porque ayudan a estudiar comercio, rituales, consumo, estatus social y conexiones culturales dentro del Imperio romano.
El misterio del cuerpo enterrado boca abajo
Los entierros boca abajo, conocidos como entierros en posición prona, han sido documentados en distintos cementerios antiguos, pero no siempre tienen la misma explicación. En algunos casos pudieron responder a prácticas rituales específicas. En otros, quizá estuvieron vinculados a circunstancias sociales, enfermedades, muerte violenta, decisiones familiares o creencias particulares sobre el difunto.
En el caso de Salona, los investigadores han evitado ofrecer una interpretación precipitada. La postura del cuerpo es extraña, pero el acompañamiento funerario es abundante. Esa combinación obliga a considerar varias posibilidades antes de proponer una explicación.
El análisis de los restos humanos será fundamental. Los especialistas podrían estudiar edad, sexo biológico, estado de salud, señales de trauma, patologías, dieta, procedencia y otros datos que permitan comprender mejor quién fue esa persona y por qué recibió un entierro tan singular.
Preguntas que abre el hallazgo
¿Por qué fue enterrado boca abajo? Aún no hay una explicación definitiva.
¿Qué significaban los objetos de vidrio? Podrían estar vinculados a perfumes, aceites, rituales o estatus.
¿Quién era la persona enterrada? Los análisis bioarqueológicos podrían aportar edad, salud y origen.
¿La tumba refleja una práctica común? Por ahora parece un caso excepcional dentro del sector excavado.
Hortus Metrodori: el “jardín” funerario de Salona
El área donde apareció la tumba forma parte de la necrópolis occidental de Salona y es conocida como Hortus Metrodori. El nombre procede de una inscripción funeraria que menciona la expresión latina in horto Metrodori, es decir, “en el jardín de Metrodoro”.
En el mundo romano, las necrópolis solían ubicarse fuera de las zonas habitadas, muchas veces junto a caminos principales. Este patrón permitía separar el espacio de los vivos del espacio de los muertos, pero también hacía visibles los monumentos funerarios para quienes transitaban por la vía.
En Salona, la necrópolis occidental se desarrolló junto al camino que conducía hacia Tragurium, la actual Trogir. Allí se organizaron espacios funerarios familiares, parcelas delimitadas, monumentos y tumbas que fueron usadas durante generaciones.
Lectura histórica: las tumbas romanas no eran solo lugares de entierro; también eran espacios de memoria familiar, prestigio social y comunicación pública.
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Una campaña con 32 nuevas tumbas estudiadas
La tumba 162 no fue el único hallazgo de la campaña. Durante la temporada de 2026, los arqueólogos investigaron 32 tumbas: 16 de cremación y 16 de inhumación. Con ello, el número total de sepulturas estudiadas en esta zona ascendió a 152.
Los datos muestran una diversidad de prácticas funerarias. Algunas tumbas contenían restos cremados depositados directamente en fosas; otras usaban urnas cerámicas o de piedra. Entre las inhumaciones, la mayoría correspondía a fosas simples, aunque también se documentaron entierros en ánforas y tumbas construidas con mampostería.
Esta variedad ayuda a entender cómo cambiaron las costumbres funerarias en Salona. En el mundo romano, la cremación y la inhumación coexistieron durante ciertos periodos, y con el paso del tiempo la inhumación fue ganando terreno en muchas regiones del Imperio.
| Dato | Información | Importancia |
|---|---|---|
| Campaña | Quinta temporada de excavaciones en Hortus Metrodori. | Amplía el conocimiento sobre la necrópolis occidental de Salona. |
| Tumbas estudiadas en 2026 | 32 sepulturas. | Permiten comparar prácticas funerarias distintas. |
| Total acumulado | 152 tumbas investigadas en el sector. | Ofrece una muestra amplia para estudiar cambios en el cementerio. |
| Tumba más llamativa | Tumba 162. | Destaca por el cuerpo boca abajo y la riqueza de los objetos. |
El balsamario con forma de dátil
Entre los objetos de vidrio, el más curioso es un balsamario con forma de dátil. Estas piezas podían imitar frutos o formas naturales mediante técnicas de soplado o moldeado, y eran apreciadas tanto por su función como por su apariencia decorativa.
El dátil tenía valor simbólico y económico en el Mediterráneo antiguo. Su forma pudo ser elegida por razones estéticas, comerciales o rituales. Sin embargo, los investigadores aún no han confirmado si la pieza hallada en Salona fue fabricada localmente o si llegó mediante redes de intercambio desde otra región del Imperio.
Ese detalle importa porque el vidrio romano circulaba ampliamente. Un pequeño recipiente puede revelar rutas comerciales, gustos de consumo, conexiones culturales y acceso a productos especializados.
Precisión importante: aunque existen balsamarios con forma de dátil en distintas colecciones romanas, todavía sería prematuro afirmar el origen exacto del ejemplar encontrado en Salona.
Qué pueden revelar las gemas y el bronce
Además del vidrio y la cerámica, la tumba contenía dos gemas y fragmentos de un objeto de bronce. Estos elementos podrían ofrecer información sobre identidad, estatus, adornos personales o prácticas funerarias.
Las gemas grabadas eran comunes en anillos, sellos o joyas. Podían tener imágenes, símbolos, figuras mitológicas o marcas personales. Si los especialistas logran analizarlas con detalle, podrían identificar motivos iconográficos útiles para comprender el mundo cultural del difunto.
Los fragmentos de bronce también pueden aportar pistas. Dependiendo de su forma, podrían pertenecer a un accesorio, una pieza de indumentaria, un recipiente, un elemento decorativo o un objeto personal. La restauración y el estudio de laboratorio serán claves para interpretarlo.
Objetos principales de la tumba 162
Tres botellas de vidrio: posibles recipientes para líquidos, perfumes o sustancias especiales.
Tres balsamarios: pequeños envases asociados a ungüentos, aceites o perfumes.
Cuatro vasijas cerámicas: objetos frecuentes en contextos funerarios romanos.
Dos gemas: posibles piezas personales, decorativas o simbólicas.
Fragmentos de bronce: restos que deberán analizarse para identificar su función original.
Salona, una ciudad romana clave en el Adriático
Salona fue una de las ciudades más importantes de la Dalmacia romana. Ubicada cerca de la actual Solin y próxima a Split, ocupó una posición estratégica en la costa oriental del Adriático, conectando rutas marítimas, comercio regional, administración provincial y vida urbana romana.
Su importancia no se limita a sus edificios públicos. Las necrópolis de Salona son una fuente extraordinaria para estudiar a personas comunes, familias, élites locales, prácticas religiosas, transformaciones sociales y cambios culturales entre el mundo pagano y el cristiano.
Las tumbas son documentos silenciosos. A través de la posición del cuerpo, los materiales usados, los objetos depositados y la organización del cementerio, los arqueólogos pueden reconstruir aspectos de la vida que muchas veces no aparecen en los textos escritos.
En perspectiva: una tumba individual puede parecer un hallazgo pequeño, pero dentro de una necrópolis amplia ayuda a reconstruir la historia social de toda una ciudad.
Por qué este hallazgo emociona a los arqueólogos
La tumba 162 emociona a los investigadores porque combina tres elementos poco comunes: una posición corporal inusual, un conjunto funerario abundante y un contexto arqueológico bien documentado.
Cuando una tumba conserva objetos y posición original, los arqueólogos pueden estudiar relaciones espaciales: dónde estaba cada vasija, qué objetos rodeaban el cuerpo, si había agrupaciones específicas, si algunos elementos fueron colocados cerca de la cabeza, las manos, el pecho o los pies.
Esa información puede ser tan importante como los objetos mismos. En arqueología funeraria, el “dónde” y el “cómo” pueden revelar tanto como el “qué”.
Lección arqueológica: el valor de una tumba no está solo en sus piezas bonitas, sino en la historia que cuentan cuando se estudian dentro de su contexto original.
La tumba también puede cambiar la lectura del cementerio
La tumba 162 no solo importa por el cuerpo y los objetos. También fue localizada sobre los restos de un muro anterior muy destruido, cuya función había sido interpretada como parte de los límites de una parcela funeraria.
Los arqueólogos señalaron que otros enterramientos del siglo I aparecen sobre ese muro ya abandonado. Esto sugiere que el muro podría pertenecer a una fase anterior del cementerio, lo que ayudaría a reconstruir la evolución arquitectónica de la necrópolis.
En otras palabras, la tumba ofrece dos tipos de información: una historia individual, ligada al difunto y sus objetos, y una historia urbana, relacionada con cómo fue cambiando el espacio funerario de Salona a lo largo del tiempo.
| Aspecto | Qué se sabe | Qué falta investigar |
|---|---|---|
| Posición del cuerpo | Fue colocado boca abajo. | La razón exacta de esa postura. |
| Objetos funerarios | Vidrio, cerámica, gemas y bronce. | Contenido, origen, función y significado de cada pieza. |
| Identidad del difunto | Aún no se ha determinado públicamente. | Edad, sexo biológico, salud, dieta y posible procedencia. |
| Historia del cementerio | La tumba corta una estructura anterior. | La secuencia completa de muros, parcelas y fases funerarias. |
Qué dicen los entierros boca abajo sobre el mundo romano
Los entierros boca abajo son raros, pero no desconocidos en contextos antiguos. En el mundo romano, como en otras sociedades, la forma de enterrar a una persona podía depender de costumbres familiares, creencias religiosas, edad, estatus, causa de muerte, normas locales o decisiones excepcionales.
El problema es que una misma posición puede tener significados distintos según el lugar y la época. Un entierro boca abajo podría interpretarse como una señal de exclusión en un contexto, pero como práctica ritual particular en otro. Por eso, los especialistas deben evitar explicaciones sensacionalistas.
En Salona, la presencia de objetos de calidad obliga a mantener una interpretación abierta. La persona enterrada recibió un acompañamiento funerario importante, lo que sugiere que su sepultura fue realizada con intención y cuidado.
Precisión científica: no se debe afirmar que el difunto fue castigado, marginado o temido sin pruebas adicionales. La arqueología necesita contexto, análisis y comparación antes de interpretar.
Qué viene ahora para los investigadores
El siguiente paso será el estudio detallado de los restos humanos y de los objetos. El Centro Antropológico de la Academia Croata de Ciencias y Artes participa en los análisis bioarqueológicos, mientras que los especialistas del Museo Arqueológico de Split y del Instituto Croata de Restauración continuarán evaluando el material recuperado.
Los análisis podrían revelar edad aproximada, sexo biológico, enfermedades, lesiones, dieta, estrés físico y posibles condiciones de vida. También podrían ayudar a detectar si el cuerpo fue colocado boca abajo desde el inicio o si algún proceso posterior alteró su posición.
En paralelo, los restauradores estudiarán los objetos de vidrio y cerámica. Esto permitirá conocer técnicas de fabricación, estado de conservación, posibles contenidos residuales y comparaciones con piezas similares encontradas en otras zonas del Imperio romano.
Análisis que podrían realizarse
Bioarqueología: estudio de huesos, salud, edad, lesiones y condiciones de vida.
Restauración de vidrio: limpieza, estabilización e identificación de técnicas de fabricación.
Análisis de cerámica: origen, uso y relación con prácticas funerarias.
Estudio espacial: posición exacta de objetos y relación con el cuerpo dentro de la tumba.
Tabla resumen del hallazgo
| Dato | Información clave | Relevancia |
|---|---|---|
| Sitio | Hortus Metrodori, necrópolis occidental de Salona. | Uno de los sectores funerarios más importantes de la antigua ciudad romana. |
| Ubicación actual | Cerca de Solin, Croacia. | Zona vinculada a la antigua capital romana de Dalmacia. |
| Tumba | Tumba 162. | Destaca por la posición boca abajo del difunto. |
| Objetos | Vidrio, cerámica, gemas y bronce. | Sugieren una sepultura preparada con cuidado y riqueza material. |
| Pregunta principal | Por qué el cuerpo fue colocado boca abajo. | Podría revelar prácticas funerarias poco conocidas o circunstancias excepcionales. |
Conclusión: una tumba que abre más preguntas que respuestas
El hallazgo de la tumba 162 en Salona es uno de esos descubrimientos que muestran por qué la arqueología sigue siendo una ciencia llena de preguntas. El cuerpo enterrado boca abajo sorprende, pero el conjunto de objetos de vidrio, cerámica, gemas y bronce impide interpretar la escena de manera simple.
La sepultura parece haber sido cuidadosamente preparada. Los balsamarios, las botellas de vidrio, las vasijas y las gemas sugieren una práctica funeraria significativa, quizá vinculada a identidad, memoria, estatus o ritual. Sin embargo, la postura del cuerpo sigue siendo el gran misterio.
Ahora, los análisis bioarqueológicos y la restauración de los objetos serán decisivos. Podrían revelar quién fue esa persona, cómo vivió, qué enfermedades tuvo, qué edad tenía al morir y si su entierro respondió a una costumbre particular o a una circunstancia excepcional.
Por ahora, la tumba 162 ofrece una imagen poderosa: una persona enterrada de forma inusual, rodeada de objetos delicados, en una ciudad que fue clave para la Dalmacia romana. Un pequeño espacio funerario que, casi dos mil años después, vuelve a hablar desde la tierra.
Resumen final
Arqueólogos hallaron una rara tumba romana en Hortus Metrodori, parte de la necrópolis occidental de Salona, Croacia.
La tumba 162 destaca porque el cuerpo fue enterrado boca abajo, una postura poco común en ese contexto.
Junto al difunto aparecieron botellas de vidrio, balsamarios, vasijas cerámicas, gemas y fragmentos de bronce.
Uno de los objetos más curiosos es un balsamario de vidrio con forma de dátil.
La explicación del entierro aún no está clara y dependerá de futuros análisis bioarqueológicos y arqueológicos.


