
En el exoplaneta LHS 3844 b nunca se observa un amanecer ni una puesta de sol. Una de sus caras permanece orientada hacia su estrella y soporta temperaturas extremas, mientras el hemisferio opuesto está sumido en una noche permanente. Un nuevo estudio experimental sugiere que la circulación de calor en su interior podría producir regiones localmente más moderadas, aunque todavía no existe evidencia de vida.
Un mundo situado a unos 48,6 años luz de la Tierra está ayudando a los científicos a reconsiderar dónde podrían existir ambientes capaces de sostener vida. Se trata de LHS 3844 b, un planeta rocoso ligeramente más grande que la Tierra que gira alrededor de una pequeña estrella enana roja.
Su órbita es extraordinariamente rápida: completa una vuelta alrededor de su estrella en aproximadamente once horas. Esa cercanía habría sincronizado su rotación con su movimiento orbital, provocando un fenómeno conocido como bloqueo de marea.
Esto significa que el planeta siempre muestra la misma cara a su estrella. En un hemisferio es de día de forma permanente; en el otro nunca aparece el Sol. No existen amaneceres, atardeceres ni ciclos de día y noche como los de la Tierra.
A primera vista, semejante diferencia de temperaturas parecería descartar cualquier posibilidad de habitabilidad. Sin embargo, investigadores de la Universidad de Pensilvania, la Agencia Japonesa de Ciencia y Tecnología Marina-Terrestre y la Universidad de Hokkaido estudiaron lo que podría ocurrir bajo la superficie.
Precisión científica: los investigadores no encontraron organismos ni señales biológicas. El estudio muestra que determinados procesos internos podrían generar ambientes menos extremos en algunos planetas bloqueados por marea.
Distancia
Aproximadamente 48,6 años luz de la Tierra.
Órbita
Completa una vuelta alrededor de su estrella en unas once horas.
Condición extrema
Tiene una cara en día permanente y otra en noche eterna.
¿Por qué en LHS 3844 b nunca sale ni se pone el Sol?
El fenómeno se debe al bloqueo de marea. Cuando un planeta orbita extremadamente cerca de una estrella, la gravedad puede frenar gradualmente su rotación hasta sincronizarla con el tiempo que necesita para completar una órbita.
Como resultado, una cara queda permanentemente orientada hacia la estrella y la otra mira siempre hacia el espacio. Es un fenómeno parecido al que ocurre con la Luna: desde la Tierra observamos prácticamente el mismo hemisferio lunar porque su rotación está sincronizada con su órbita.
En LHS 3844 b, esta configuración produce un contraste extraordinario. El lado iluminado recibe radiación de manera continua y alcanza temperaturas capaces de calentar intensamente las rocas. El hemisferio nocturno, en cambio, no recibe luz directa y permanece extremadamente frío.
La gran pregunta: ¿puede existir algún ambiente moderado entre una cara abrasadora y otra congelada? El nuevo experimento intenta responder precisamente esa incógnita.
El experimento que simuló el interior del planeta
Como no es posible observar directamente el manto de un planeta situado a decenas de años luz, el equipo construyó una representación física en laboratorio.
Los científicos utilizaron un recipiente rectangular lleno de glicerol, un líquido viscoso capaz de reproducir ciertos comportamientos del material caliente y lentamente móvil que podría existir en el interior de un planeta rocoso.
También incorporaron partículas sensibles a la temperatura, que cambian de color y permiten visualizar el movimiento del fluido. Mediante varios controles térmicos, calentaron un extremo del recipiente y enfriaron el otro para imitar la diferencia entre el día permanente y la noche eterna.
El resultado fue una circulación sorprendentemente estable. El material caliente ascendió en la zona equivalente al hemisferio iluminado, avanzó hacia la región fría, descendió allí y regresó por la parte inferior.
Así funcionaría el ciclo interno
1. Calentamiento: el material interior recibe más energía bajo la cara iluminada.
2. Ascenso: el material caliente y menos denso sube hacia la superficie.
3. Desplazamiento: fluye lateralmente hacia el hemisferio nocturno.
4. Enfriamiento: pierde calor en la región oscura y se vuelve más denso.
5. Retorno: desciende y vuelve hacia el lado caliente por el interior profundo.
Un “latido planetario” lento y constante
Los investigadores compararon esta circulación con una especie de latido planetario. A diferencia del manto terrestre, que presenta patrones complejos y cambiantes, el flujo simulado fue relativamente estable y predecible.
El material caliente asciende siempre cerca del mismo sector, mientras el descenso se concentra en el lado frío. El sistema podría mantenerse durante periodos muy prolongados debido al contraste térmico permanente entre ambos hemisferios.
El experimento también produjo columnas ocasionales de material caliente, parecidas a las plumas del manto terrestre relacionadas con regiones volcánicas. Sin embargo, estas estructuras no se desplazarían como algunos puntos calientes de la Tierra, sino que permanecerían ancladas en lugares determinados.
Esto podría concentrar volcanismo y actividad geotérmica en regiones específicas del planeta, creando una distribución de calor muy distinta a la terrestre.
Lectura geológica: aunque la superficie sea extrema, la circulación del manto puede transportar energía y producir ambientes geotérmicos localizados.
¿Dónde podría existir un ambiente menos hostil?
La región más interesante no sería el centro del lado diurno ni el punto más oscuro del hemisferio nocturno. Los científicos prestan especial atención a las zonas intermedias, cercanas al límite entre ambos hemisferios.
Esta frontera suele llamarse zona crepuscular o terminador. Desde allí, la estrella permanecería inmóvil cerca del horizonte. No habría un amanecer completo ni una puesta de sol definitiva: el paisaje estaría atrapado en una especie de atardecer permanente.
En algunos planetas con atmósferas, agua o suficiente circulación térmica, esa franja podría presentar temperaturas más moderadas. El nuevo estudio añade la posibilidad de que el calor interno también contribuya a crear condiciones menos extremas en ciertas latitudes.
No obstante, esto depende de muchos factores todavía desconocidos: composición interior, presencia de agua, presión atmosférica, actividad volcánica, campo magnético y capacidad del planeta para conservar gases.
Zona de interés: en un planeta bloqueado por marea, la franja entre el día permanente y la noche eterna podría ofrecer condiciones menos extremas que los dos hemisferios.
¿Significa que LHS 3844 b puede albergar vida?
No se puede afirmar eso con la evidencia disponible. LHS 3844 b continúa siendo considerado un planeta extremadamente caliente y probablemente desprovisto de una atmósfera densa.
Una atmósfera es importante porque puede transportar calor, proteger la superficie de radiación y permitir ciclos químicos más complejos. Las observaciones realizadas sobre este exoplaneta no muestran una redistribución térmica compatible con una atmósfera gruesa.
El hemisferio iluminado alcanza temperaturas cercanas o superiores a los mil grados, mientras que el lado nocturno es extraordinariamente frío. Estas condiciones hacen muy difícil imaginar vida superficial similar a la terrestre.
La investigación plantea una posibilidad más limitada: ciertos lugares del subsuelo podrían mantener calor geotérmico y condiciones químicas diferentes a las de la superficie. Eso no prueba que sean habitables, pero amplía las variables que deben tenerse en cuenta al estudiar otros mundos semejantes.
No hay evidencia de vida: el estudio analiza la transferencia de calor en el interior planetario. No detectó agua, organismos, gases biológicos ni señales de una civilización.
Por qué este estudio importa más allá de LHS 3844 b
El verdadero valor del trabajo está en su aplicación a una clase completa de exoplanetas. Las estrellas enanas rojas son las más abundantes de la Vía Láctea y muchos de sus planetas orbitan suficientemente cerca como para estar bloqueados por marea.
Por ello, los mundos con día y noche permanentes podrían ser mucho más comunes que los planetas con ciclos parecidos a los terrestres. Descartarlos automáticamente reduciría de forma considerable la cantidad de lugares donde los científicos buscan ambientes habitables.
Los nuevos resultados sugieren que la circulación interna, el volcanismo y el calor geotérmico deben incorporarse a los modelos de habitabilidad. Hasta ahora, buena parte de los estudios se ha concentrado en la atmósfera y en los océanos.
El interior de un planeta puede influir en la renovación de materiales, la emisión de gases, la formación de una atmósfera secundaria y la generación de campos magnéticos.
| Factor | Qué se conoce | Qué falta investigar |
|---|---|---|
| Rotación | Probablemente está sincronizada con su órbita. | Medir con mayor precisión posibles variaciones. |
| Atmósfera | No parece poseer una atmósfera gruesa. | Determinar si conserva gases muy tenues. |
| Interior | Podría mantener una circulación hemisférica estable. | Confirmar cómo cambia según la composición real. |
| Habitabilidad | Solo se plantean ambientes geotérmicos teóricos. | Buscar agua, química favorable y fuentes estables de energía. |
El papel de los volcanes y el calor subterráneo
En la Tierra existen ecosistemas que no dependen directamente de la luz solar. Algunas comunidades de microorganismos viven cerca de fuentes hidrotermales profundas y obtienen energía mediante reacciones químicas.
Este precedente permite imaginar que un planeta con una superficie inhóspita podría conservar ambientes subterráneos más estables, siempre que disponga de líquidos, elementos químicos adecuados y una fuente continua de energía.
La circulación detectada en el experimento podría concentrar actividad volcánica y calor interno en determinados sectores. Esas regiones serían importantes para futuras investigaciones porque podrían liberar gases, renovar materiales o mantener temperaturas locales diferentes.
Sin embargo, no basta con disponer de calor. La vida conocida también necesita una química adecuada, estabilidad durante largos periodos y algún medio líquido donde ocurran reacciones complejas.
La habitabilidad es una combinación: temperatura moderada, agua líquida, elementos químicos, energía y estabilidad. Encontrar solo uno de estos componentes no demuestra que exista vida.
Un posible campo magnético diferente al de la Tierra
Los investigadores también consideran que este patrón de circulación podría influir en el núcleo líquido del planeta. En la Tierra, los movimientos del hierro fundido en el núcleo generan el campo magnético que ayuda a protegernos del viento solar.
En un planeta dividido entre día y noche permanentes, los flujos internos podrían producir un campo magnético con una forma distinta al dipolo terrestre.
El experimento no permitió comprobar esta hipótesis, pero abre una nueva línea de investigación. La presencia de un campo magnético sería relevante porque puede ayudar a proteger una atmósfera frente a la radiación y las partículas emitidas por la estrella.
Esto cobra especial importancia alrededor de enanas rojas, que pueden experimentar llamaradas intensas capaces de erosionar las atmósferas de planetas cercanos.
LHS 3844 b no es un planeta recién descubierto
Aunque la noticia ha vuelto a ponerlo en el centro de la atención, LHS 3844 b fue descubierto en 2018 mediante la misión TESS de la NASA. Lo nuevo es la investigación sobre la manera en que podría moverse el calor bajo su superficie.
Esta diferencia es importante. Los científicos no anunciaron el descubrimiento de un planeta habitable, sino un modelo que ayuda a explicar el funcionamiento interno de mundos sometidos a contrastes térmicos permanentes.
Los estudios de exoplanetas avanzan mediante varias etapas: primero se detecta el mundo, después se calcula su tamaño y órbita, se estudia su atmósfera y finalmente se construyen modelos para comprender su clima, geología y posible evolución.
Lo realmente novedoso: la simulación muestra que el manto de un planeta bloqueado por marea puede desarrollar una circulación estable capaz de redistribuir parte del calor interno.
Qué podrían observar los telescopios en el futuro
Los telescopios no pueden ver directamente el manto de LHS 3844 b, pero sí pueden buscar consecuencias de su actividad interior. Entre ellas se encuentran diferencias térmicas, emisiones volcánicas, cambios en el brillo infrarrojo o posibles gases liberados desde el subsuelo.
Instrumentos como el telescopio espacial James Webb pueden estudiar la radiación térmica de ciertos exoplanetas y analizar la composición de atmósferas cuando estas existen.
Las futuras generaciones de observatorios espaciales podrán estudiar con mayor detalle planetas rocosos cercanos, determinar si poseen agua o gases estables y comparar sus regiones diurnas y nocturnas.
También será importante observar otros planetas bloqueados por marea que sean menos calientes que LHS 3844 b y estén ubicados dentro de la zona habitable de sus estrellas.
Señales que interesan a los astrónomos
Distribución de temperatura: revela si existe transporte de calor.
Atmósfera: permite conocer gases, presión y posible presencia de vapor de agua.
Actividad volcánica: podría indicar que el interior continúa activo.
Moléculas químicas: algunas combinaciones podrían ser compatibles con procesos geológicos o biológicos.
Campo magnético: ayudaría a evaluar la protección frente a la actividad estelar.
Conclusión: un mundo extremo que amplía la búsqueda de vida
LHS 3844 b es uno de los mundos más extremos estudiados hasta ahora. Su cara iluminada permanece bajo un calor constante, mientras el otro hemisferio está atrapado en una noche permanente.
La nueva investigación no convierte al planeta en una segunda Tierra ni prueba que albergue organismos. Su importancia está en demostrar que la circulación del manto podría ser estable y redistribuir calor entre ambos hemisferios.
Este mecanismo podría producir actividad geotérmica o condiciones localmente más moderadas en algunos planetas bloqueados por marea. Como estos mundos son frecuentes alrededor de estrellas enanas rojas, comprender su funcionamiento será fundamental para la búsqueda futura de vida.
La gran lección es que la habitabilidad no depende únicamente de lo que ocurre en la superficie. El interior de un planeta, sus volcanes, su campo magnético y la manera en que mueve el calor también pueden definir si existen lugares donde la química de la vida tenga alguna oportunidad.
Resumen final
LHS 3844 b se encuentra a unos 48,6 años luz y fue descubierto en 2018.
Está bloqueado por marea: una cara vive bajo luz permanente y la otra permanece en oscuridad.
Un experimento de laboratorio mostró una circulación interna estable entre sus hemisferios.
El flujo de calor podría generar actividad geotérmica y regiones localmente menos extremas.
No existe evidencia de vida y el planeta probablemente carece de una atmósfera gruesa.
El descubrimiento científico ayuda a evaluar la habitabilidad de otros planetas bloqueados por marea.


