
El inversor tecnológico Gavin Baker encendió el debate en Estados Unidos al afirmar que los centros de datos de inteligencia artificial son probablemente “lo mejor que les ha pasado a los estadounidenses de clase trabajadora”. Según su visión, la construcción masiva de infraestructura para IA está impulsando empleos técnicos bien pagados, reactivando ciudades pequeñas y reindustrializando zonas que habían perdido dinamismo económico.
La expansión de los centros de datos de inteligencia artificial se ha convertido en uno de los debates económicos, laborales y políticos más intensos de Estados Unidos. Para algunos críticos, estas instalaciones consumen demasiada electricidad, presionan las redes eléctricas, requieren agua, ocupan grandes terrenos y generan pocos empleos permanentes. Para defensores como Gavin Baker, en cambio, representan una oportunidad histórica para trabajadores manuales y técnicos.
Baker, socio gerente y director de inversiones de Atreides Management, sostuvo en el podcast “The A16z Show” que los centros de datos están revitalizando pequeñas ciudades estadounidenses y creando una demanda extraordinaria por electricistas, plomeros, técnicos de calefacción, ventilación y aire acondicionado, soldadores, contratistas y trabajadores especializados en infraestructura.
Su frase más comentada fue contundente: los centros de datos de IA serían probablemente “lo mejor” que le ha ocurrido a la clase trabajadora estadounidense. La afirmación llegó en un momento sensible, cuando la industria tecnológica intenta convencer a comunidades locales de aceptar nuevos proyectos, mientras crece el rechazo ciudadano por posibles impactos ambientales, energéticos y urbanos.
Protagonista
Gavin Baker, inversor tecnológico y directivo de Atreides Management.
Tema central
Centros de datos de IA y su impacto en empleo, energía y comunidades locales.
Debate
Oportunidad para trabajadores técnicos frente a preocupación por electricidad, agua y costos.
¿Qué dijo Gavin Baker sobre los centros de datos?
Gavin Baker defendió que la construcción de centros de datos de IA está generando beneficios concretos para trabajadores que no necesariamente tienen empleos universitarios tradicionales. En su argumento, la inteligencia artificial no solo crea oportunidades para ingenieros de software o científicos de datos, sino también para oficios técnicos indispensables para construir y operar la infraestructura física.
Un centro de datos moderno necesita electricidad de alta capacidad, sistemas de refrigeración, cableado especializado, generadores, transformadores, estructuras, seguridad física, mantenimiento, climatización, redes y servicios técnicos permanentes. Esa cadena de trabajo requiere mano de obra especializada que puede ser bien remunerada.
Por eso, Baker sostiene que la conversación pública sobre IA está incompleta. Mientras muchos se enfocan en si la inteligencia artificial reemplazará empleos de oficina, él pone atención en los trabajos físicos que surgen alrededor de la nueva infraestructura tecnológica.
La clave: Baker intenta cambiar la narrativa: los centros de datos no serían solo edificios para gigantes tecnológicos, sino motores de empleo para trabajadores técnicos y comunidades industriales.
La idea de “reindustrializar” Estados Unidos
Uno de los conceptos más fuertes en la defensa de Baker es la reindustrialización. Durante décadas, muchas ciudades pequeñas y zonas manufactureras de Estados Unidos perdieron fábricas, empleos estables y actividad económica. La promesa de los centros de datos es que podrían devolver inversión a lugares que quedaron fuera de los grandes polos tecnológicos.
La infraestructura de IA no se puede construir solo con código. Requiere terrenos, energía, agua o sistemas de refrigeración eficientes, permisos, construcción, mantenimiento y redes eléctricas robustas. Esa dimensión física permite que el boom de la IA se parezca más a una nueva fase industrial que a una simple moda digital.
Desde esa mirada, los beneficios no estarían únicamente en Silicon Valley. También podrían llegar a pueblos con acceso a tierra, energía, infraestructura eléctrica y gobiernos locales dispuestos a recibir inversiones.
Lectura económica: la IA necesita centros de datos, y los centros de datos necesitan trabajadores técnicos. Ese vínculo explica por qué algunos inversionistas hablan de una nueva etapa industrial.
Los empleos que podrían ganar con el boom de la IA
Cuando se habla de inteligencia artificial, muchas personas imaginan programadores, investigadores, robots o asistentes digitales. Sin embargo, detrás de cada modelo de IA hay centros de datos que deben construirse y mantenerse. Allí aparecen oficios que suelen estar fuera del discurso tecnológico tradicional.
Electricistas, técnicos HVAC, plomeros industriales, soldadores, operadores de maquinaria, instaladores de fibra, especialistas en generadores, técnicos de refrigeración y personal de mantenimiento pueden beneficiarse de esta expansión. La razón es sencilla: un centro de datos es una instalación compleja que funciona las 24 horas y no puede permitirse fallas prolongadas.
Además, los centros de datos no son proyectos de construcción de una sola vez. Muchos se amplían, actualizan o modernizan con el tiempo, especialmente cuando cambian los chips de IA, aumentan las necesidades de energía o se incorporan nuevos sistemas de refrigeración.
Oficios impulsados por los centros de datos
Electricistas: instalación y mantenimiento de sistemas de alta capacidad.
Técnicos HVAC: refrigeración crítica para servidores y chips de IA.
Plomeros industriales: sistemas de agua, enfriamiento y tuberías especializadas.
Soldadores y contratistas: construcción, expansión y adecuación de infraestructura.
Técnicos de energía: generadores, baterías, subestaciones y respaldo eléctrico.
El punto polémico: no todos creen que el beneficio sea tan claro
La afirmación de Baker llega en medio de un fuerte rechazo ciudadano. Encuestas recientes muestran que una mayoría de estadounidenses se opone a que se construyan centros de datos en sus comunidades. Las principales preocupaciones giran alrededor del aumento de tarifas eléctricas, el consumo de agua, el ruido, la ocupación de terrenos y la falta de transparencia en beneficios fiscales.
Este rechazo revela una contradicción: muchas personas usan herramientas digitales e inteligencia artificial, pero no quieren la infraestructura física cerca de sus hogares. Es una versión tecnológica del clásico dilema “sí al servicio, no en mi vecindario”.
La industria enfrenta entonces un problema de confianza. No basta con decir que habrá empleo y crecimiento; las empresas deben demostrar que los proyectos no elevarán costos a los residentes, no agotarán recursos locales y dejarán beneficios reales para la comunidad.
Advertencia pública: un centro de datos puede generar inversión y empleo, pero si no se gestiona bien puede provocar rechazo por electricidad, agua, ruido, impuestos y uso del suelo.
Electricidad: el gran desafío de la infraestructura de IA
El mayor reto para los centros de datos de IA es la energía. Los modelos avanzados necesitan miles de chips especializados que consumen grandes cantidades de electricidad. A medida que empresas como OpenAI, Google, Microsoft, Amazon, Meta y otras expanden sus servicios, la demanda de cómputo crece de forma acelerada.
Los defensores sostienen que los centros de datos pueden financiar nueva generación eléctrica, baterías, redes y sistemas más eficientes. Los críticos advierten que, si las reglas no son claras, las comunidades podrían terminar pagando parte de la infraestructura mediante tarifas más altas.
La discusión ya no es únicamente tecnológica. Es también energética, regulatoria y social. Para que el argumento de Baker sea convincente, los proyectos deben proteger a los usuarios residenciales y obligar a las grandes instalaciones a pagar por la capacidad adicional que necesitan.
Dato central: la IA no vive solo en la nube; vive en edificios que consumen electricidad, requieren refrigeración y dependen de redes energéticas robustas.
El ejemplo de ciudades que reciben ingresos fiscales
Un argumento frecuente a favor de los centros de datos es su capacidad de generar ingresos fiscales locales. En condados donde se concentran estas instalaciones, los gobiernos pueden recaudar impuestos por terrenos, edificios y equipos informáticos de alto valor.
El caso de Loudoun County, en Virginia, suele citarse como ejemplo. La zona, conocida como parte del “Data Center Alley”, ha recibido importantes ingresos vinculados a la industria, lo que ha permitido financiar servicios, escuelas e infraestructura, aunque también ha generado debate sobre ordenamiento territorial, impacto visual, consumo energético y planificación urbana.
Esto muestra que los beneficios son posibles, pero no automáticos. Una comunidad puede ganar ingresos fiscales si negocia bien, aplica reglas claras y evita regalar demasiados incentivos. Sin ese equilibrio, el riesgo es que las empresas obtengan beneficios mientras la población asume costos.
| Promesa de los centros de datos | Beneficio potencial | Riesgo si se gestiona mal |
|---|---|---|
| Empleo técnico | Más demanda para electricistas, HVAC, contratistas y mantenimiento. | Pocos empleos permanentes si solo se valora la etapa de construcción. |
| Ingresos fiscales | Más recursos para gobiernos locales, escuelas e infraestructura. | Excesivas exoneraciones o beneficios tributarios sin retorno claro. |
| Nueva infraestructura | Inversión en energía, conectividad, redes y servicios. | Presión sobre la red eléctrica y aumento de costos para residentes. |
| Reindustrialización | Actividad económica en ciudades pequeñas o zonas antes deprimidas. | Dependencia excesiva de una industria dominada por pocas grandes tecnológicas. |
¿Una oportunidad para jóvenes sin título universitario?
Baker también planteó una idea provocadora: en algunos casos, aprender un oficio técnico podría ofrecer mejor retorno económico que endeudarse por una carrera universitaria. Su argumento se basa en la alta demanda de trabajadores capaces de construir, instalar y mantener infraestructura crítica para IA.
La idea conecta con un debate más amplio en Estados Unidos: el costo de la educación superior, la deuda estudiantil y la necesidad de recuperar rutas laborales bien pagadas fuera del modelo universitario tradicional.
Sin embargo, no debe interpretarse como una descalificación de la universidad. La economía de la IA necesita ambos perfiles: investigadores, ingenieros, matemáticos y científicos de datos, pero también técnicos de campo, operadores, instaladores y especialistas en energía. La diferencia es que los segundos suelen recibir menos atención en la conversación pública.
Consejo laboral: los oficios técnicos vinculados a energía, climatización, construcción industrial y redes pueden ganar valor en una economía impulsada por IA.
El problema de imagen de los centros de datos
El propio Baker reconoce que los centros de datos tienen un problema de comunicación. Para muchos vecinos, no son símbolo de empleo ni progreso, sino de gigantes tecnológicos que llegan con edificios cerrados, alto consumo eléctrico y beneficios poco visibles.
La industria tecnológica suele hablar de IA como una revolución que mejorará la productividad, curará enfermedades o transformará la educación. Pero para una comunidad local, la pregunta puede ser más concreta: ¿subirá mi recibo de luz?, ¿habrá ruido?, ¿bajará el valor de mi vivienda?, ¿cuántos empleos reales quedarán?, ¿qué recibirá la ciudad a cambio?
Por eso, la defensa de Baker solo puede funcionar si se acompaña de transparencia. Las empresas deben explicar cuánta energía usarán, cómo pagarán por nueva infraestructura, qué harán con el agua, cuántos empleos crearán, qué impuestos aportarán y qué compromisos asumirán con la comunidad.
Preguntas que toda comunidad debería hacer
Energía: ¿quién pagará por la nueva capacidad eléctrica?
Agua: ¿se usará agua reciclada, sistemas cerrados o refrigeración más eficiente?
Empleo: ¿cuántos trabajos serán temporales y cuántos permanentes?
Impuestos: ¿qué ingresos recibirá la ciudad y qué exoneraciones se otorgarán?
Transparencia: ¿los acuerdos serán públicos y verificables?
La batalla política por los centros de datos
El debate ya llegó a la política. Presidentes, gobernadores, alcaldes, legisladores, sindicatos, empresas tecnológicas, ambientalistas y organizaciones vecinales están tomando posición. Para algunos sectores, frenar centros de datos significa poner en riesgo el liderazgo de Estados Unidos frente a China en inteligencia artificial. Para otros, aprobarlos sin control equivale a entregar recursos públicos a empresas multimillonarias.
El problema es que ambas preocupaciones pueden ser válidas al mismo tiempo. Estados Unidos quiere liderar la carrera de IA, pero las comunidades no quieren pagar el costo sin recibir beneficios claros. El desafío está en diseñar reglas que permitan construir infraestructura sin sacrificar a los ciudadanos locales.
En ese punto, la frase de Baker funciona como una provocación útil. Obliga a discutir si la IA será una revolución concentrada en élites tecnológicas o si también puede producir beneficios tangibles para trabajadores de oficios, ciudades medianas y comunidades fuera de los grandes centros financieros.
En perspectiva: el futuro de la IA no solo dependerá de mejores modelos, sino de si la población acepta la infraestructura necesaria para sostenerlos.
Tabla resumen del debate
| Tema | Postura de Baker | Preocupación de críticos | Punto de equilibrio |
|---|---|---|---|
| Empleo | Impulsa trabajos técnicos bien pagados. | Puede generar pocos empleos permanentes. | Exigir planes de empleo local y capacitación. |
| Energía | Puede financiar nueva capacidad eléctrica. | Podría subir tarifas a hogares y negocios. | Contratos donde el centro de datos pague por su demanda adicional. |
| Impuestos | Puede aumentar ingresos locales. | Exoneraciones pueden reducir beneficios reales. | Acuerdos públicos, medibles y auditables. |
| Medio ambiente | Nuevas tecnologías pueden reducir agua y emisiones. | Alto consumo eléctrico y presión sobre recursos. | Refrigeración eficiente, energía limpia y monitoreo ambiental. |
¿Tiene razón Gavin Baker?
La respuesta depende de cómo se construyan y regulen estos proyectos. Baker tiene razón en un punto: la IA necesita infraestructura física y esa infraestructura puede generar empleos para trabajadores técnicos. También es cierto que algunas comunidades pueden recibir ingresos fiscales importantes si negocian adecuadamente.
Pero sus críticos también tienen argumentos sólidos. No todos los centros de datos generan el mismo impacto positivo. Algunos pueden consumir demasiada energía, presionar recursos locales, recibir beneficios fiscales excesivos o dejar pocos empleos permanentes una vez terminada la construcción.
Por eso, la frase “lo mejor para la clase trabajadora” debe analizarse con cuidado. Puede ser cierta en comunidades donde hay buenos acuerdos, empleo local, inversión en infraestructura y protección a consumidores. Puede ser exagerada o incluso engañosa si los costos quedan en manos de la población y los beneficios se concentran en grandes empresas.
Lectura final: los centros de datos pueden ser una oportunidad laboral real, pero solo si se construyen con reglas claras, beneficios locales y protección frente a costos ocultos.
Conclusión: la IA también se juega en el terreno, la electricidad y los oficios
La declaración de Gavin Baker pone sobre la mesa una dimensión poco discutida de la inteligencia artificial: su impacto en los trabajadores que construyen la infraestructura detrás de la nube. Mientras el debate suele centrarse en modelos, chips y empresas tecnológicas, los centros de datos dependen de electricistas, plomeros, técnicos HVAC, soldadores, contratistas y especialistas en energía.
Ese punto es importante. La IA no será solo una revolución digital; también será una revolución de infraestructura. Puede llevar inversión a ciudades pequeñas, crear demanda de oficios técnicos y fortalecer redes eléctricas. Pero también puede generar resistencia si las comunidades perciben que asumen los costos mientras otros capturan los beneficios.
La frase de Baker es provocadora, pero abre una pregunta necesaria: ¿puede el boom de la IA convertirse en una oportunidad para la clase trabajadora? La respuesta no dependerá únicamente de los inversionistas ni de las grandes tecnológicas. Dependerá de contratos transparentes, regulación energética, empleo local, capacitación técnica y comunidades capaces de negociar desde una posición informada.
Resumen final
Gavin Baker afirmó que los centros de datos de IA podrían ser “lo mejor” para los estadounidenses de clase trabajadora.
Su argumento central es que estas instalaciones impulsan empleos para electricistas, plomeros, técnicos HVAC, contratistas y trabajadores especializados.
La industria defiende que los centros de datos pueden revitalizar ciudades pequeñas, generar impuestos y reindustrializar zonas deprimidas.
Los críticos advierten sobre consumo eléctrico, uso de agua, ruido, pocos empleos permanentes y posibles aumentos de tarifas.
La clave estará en construir proyectos transparentes, con beneficios locales reales y reglas que protejan a los residentes.


