
Un sismo de magnitud 6.3 sacudió el norte de Afganistán, cerca de la ciudad de Mazar-e Sharif, dejando al menos 20 muertos y más de 640 heridos, según datos preliminares del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) y autoridades locales.
1. El sismo y sus primeros efectos
El terremoto de magnitud 6.3 se registró a las 3:14 a. m. hora local, con epicentro a unos 35 kilómetros al oeste de Mazar-e Sharif, capital de la provincia de Balkh.
De acuerdo con el USGS, el movimiento tuvo una profundidad de apenas 10 kilómetros, lo que amplificó su impacto en superficie.
Las provincias de Balkh, Jowzjan y Samangan fueron las más afectadas, con daños considerables en viviendas, escuelas y mezquitas.
Autoridades locales informaron que varias aldeas quedaron reducidas a escombros, mientras los hospitales de Mazar-e Sharif reportaron saturación por la llegada masiva de heridos.
El sismo fue seguido por tres réplicas de menor magnitud, lo que dificultó las labores de rescate.
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“La gente corre en la oscuridad, muchas casas se han derrumbado. Es una escena de devastación,” relató Mohammad Karim, voluntario de la Media Luna Roja Afgana.
2. Un país en emergencia permanente
Afganistán, propenso a los terremotos por su ubicación en la zona de colisión entre las placas tectónicas euroasiática e india, ha sufrido en los últimos años una serie de sismos mortales.
En octubre, otro terremoto de magnitud similar en Herat dejó más de 2 000 muertos, y los expertos advierten que las fallas geológicas del Hindu Kush continúan activas.
La vulnerabilidad del país se agrava por la pobreza, la falta de infraestructura antisísmica y la escasa respuesta internacional.
Las organizaciones humanitarias estiman que más del 60 % de la población afgana vive en condiciones de precariedad, y que millones enfrentan inseguridad alimentaria severa.
“Cada terremoto se convierte en una catástrofe humanitaria porque la gente no tiene medios para reconstruir,” explicó Richard Brennan, director de emergencias de la OMS para Asia.
3. El invierno agrava la crisis
La llegada del invierno en el norte afgano representa una amenaza inmediata para los damnificados.
Las temperaturas en Mazar-e Sharif pueden descender hasta –10 °C, y miles de familias han perdido sus hogares de adobe y piedra, materiales incapaces de resistir los temblores.
Los refugios temporales instalados por la Media Luna Roja Afgana son insuficientes, y los equipos de rescate carecen de maquinaria pesada para remover escombros.
Las autoridades locales han solicitado ayuda internacional urgente, incluyendo tiendas térmicas, alimentos, medicinas y combustible.
Sin embargo, las restricciones impuestas al ingreso de organizaciones extranjeras desde la toma del poder por los talibanes en 2021 complican la coordinación de la ayuda.
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“Estamos corriendo contra el tiempo antes de que el frío cobre más vidas,” advirtió Abdul Qadir Amiri, gobernador de la provincia de Balkh.
4. Respuesta internacional limitada
El Programa Mundial de Alimentos (PMA), la OMS y el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) activaron equipos de respuesta inmediata, pero reconocen que los fondos son insuficientes.
La falta de reconocimiento diplomático del régimen talibán ha reducido los canales de financiamiento y asistencia técnica.
Por su parte, el portavoz del Ministerio de Desastres Naturales afgano, Shafiullah Rahimi, informó que se está desplegando personal de emergencia hacia las zonas rurales, aunque los caminos destruidos ralentizan las operaciones.
Las autoridades locales estiman que el número de víctimas podría aumentar, ya que muchas aldeas permanecen incomunicadas.
“Los afganos enfrentan el doble golpe del aislamiento y la naturaleza,” señaló Martin Griffiths, coordinador de ayuda humanitaria de la ONU.
5. Sismo y resiliencia: la población entre la fe y la tragedia
A pesar de la devastación, las comunidades locales muestran notable resiliencia, organizando brigadas de rescate y redes solidarias.
En los patios de las mezquitas y escuelas, los vecinos improvisan refugios, reparten mantas y cocinan colectivamente.
Para muchos, la tragedia tiene una dimensión espiritual: la fe y la oración acompañan las labores de búsqueda de sobrevivientes.
Las imágenes difundidas desde Mazar-e Sharif muestran edificios colapsados, calles cubiertas de polvo y familias buscando pertenencias entre los escombros.
Los niños y ancianos son los más afectados, mientras los médicos advierten sobre el riesgo de hipotermia, infecciones y trauma psicológico.
“Solo Dios nos sostiene; hemos perdido todo, pero seguimos vivos,” declaró Zahra Gul, sobreviviente del distrito de Charkint.
Conclusión
El terremoto de magnitud 6.3 en el norte de Afganistán no es solo una tragedia geológica, sino una crisis humanitaria en un país ya al límite de su resistencia.
Con miles de personas sin hogar, hospitales saturados y el invierno acercándose, la urgencia de la ayuda internacional es inminente.
Mientras el suelo afgano sigue temblando, el mundo enfrenta una pregunta inevitable:
¿hasta cuándo la tragedia se repetirá sobre un pueblo olvidado bajo los escombros?
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Fuentes Consultadas
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Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) – Reporte sísmico 4 de noviembre de 2025
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Media Luna Roja Afgana – Informe preliminar de daños y víctimas
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Organización Mundial de la Salud (OMS) – Evaluación de emergencia sanitaria
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Programa Mundial de Alimentos (PMA) – Situación de asistencia en el norte de Afganistán
-
Naciones Unidas – Oficina de Coordinación Humanitaria (OCHA) – Boletín de ayuda urgente para Afganistán


