
El invierno más frío de los últimos diez años ha impactado con fuerza en amplias zonas de Estados Unidos y Europa, provocando nevadas extremas, temperaturas históricamente bajas y una parálisis significativa del transporte. El episodio ha afectado aeropuertos, redes ferroviarias y carreteras, generando interrupciones económicas y riesgos para la población. El fenómeno reabre el debate sobre resiliencia urbana, adaptación climática y la creciente volatilidad del clima en el hemisferio norte.
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