
En la más reciente cumbre internacional sobre cambio climático y comercio marítimo, celebrada en Copenhague, Estados Unidos logró bloquear la aprobación de un impuesto global a las emisiones de carbono generadas por el transporte marítimo, una medida impulsada por la Unión Europea, países insulares y América Latina.
1. Un impuesto para el mar: la propuesta rechazada
La propuesta, presentada por Francia, Alemania y Chile, planteaba un impuesto de 100 dólares por tonelada de CO₂ emitido por las embarcaciones internacionales, con el objetivo de financiar la transición hacia combustibles verdes y apoyar a países vulnerables al cambio climático.
Los fondos recaudados serían administrados por la Organización Marítima Internacional (OMI) y destinados a energías limpias, modernización portuaria y mitigación ambiental.
Sin embargo, Estados Unidos, China e India se opusieron, argumentando que el impuesto encarecería los fletes y afectaría la economía global en un contexto de inflación y tensiones logísticas.
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“Apoyamos la reducción de emisiones, pero no a través de medidas que penalicen el comercio y aumenten los precios al consumidor”, señaló la delegación estadounidense.
2. El peso del transporte marítimo en la crisis climática
El transporte marítimo internacional moviliza más del 80 % del comercio mundial y genera alrededor de 1.000 millones de toneladas de CO₂ al año.
A pesar de los avances tecnológicos, sigue siendo uno de los sectores más difíciles de descarbonizar, debido a su dependencia de combustibles fósiles pesados y la falta de infraestructura verde en los puertos.
La OMI había fijado como meta reducir las emisiones en un 50 % para 2050, pero sin un mecanismo financiero global, expertos advierten que el objetivo podría quedar solo en el papel.
El impuesto propuesto buscaba precisamente incentivar la innovación tecnológica en la industria y acelerar la adopción de biocombustibles y amoníaco verde.
3. Tensiones entre economía y ecología
El rechazo liderado por EE. UU. refleja una división profunda entre las potencias económicas y los países más afectados por el calentamiento global.
Mientras los primeros priorizan la competitividad comercial, los segundos reclaman responsabilidad climática y financiamiento para la adaptación.
Representantes de islas del Pacífico como Fiyi, Tuvalu y Kiribati criticaron duramente la decisión, calificándola como una “traición al principio de equidad ambiental.”
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“Nos piden resiliencia, pero nos niegan los recursos para sobrevivir”, declaró el primer ministro de Tuvalu durante la plenaria.
Por su parte, la Unión Europea expresó “profunda decepción” y advirtió que aplicará medidas regionales si no se logra un consenso internacional antes de 2026.
4. Las alternativas en debate
Tras el bloqueo, la OMI anunció la creación de un grupo técnico internacional que evaluará mecanismos alternativos de financiamiento climático marítimo.
Entre las propuestas en estudio figuran:
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Bonos verdes para navieras sostenibles.
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Créditos de carbono vinculados a eficiencia energética.
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Fondo rotatorio de innovación tecnológica.
Japón y Corea del Sur, aunque no apoyaron el impuesto, se mostraron dispuestos a cofinanciar proyectos de propulsión limpia bajo marcos voluntarios.
Analistas consideran que la ausencia de un acuerdo global uniforme puede generar competencia desigual y “fugas regulatorias”, donde los buques se registren en países con normas más flexibles.
5. Implicancias geopolíticas y climáticas
El veto estadounidense ha sido interpretado como un mensaje político: mantener control sobre la gobernanza del comercio marítimo global.
El sector genera más de 2 billones de dólares al año y está estrechamente vinculado a intereses estratégicos y energéticos.
Sin embargo, organizaciones ambientales como Greenpeace y Carbon Market Watch advierten que sin medidas concretas, el transporte marítimo podría convertirse en el “nuevo gigante invisible del carbono.”
La investigadora francesa Élodie Moreau resume la paradoja:
“Los barcos más grandes del mundo contaminan más que países enteros, pero siguen fuera de los acuerdos climáticos.”
Conclusiones: el océano, campo de batalla del clima
El fracaso de la propuesta de impuesto global sobre emisiones marítimas revela que la transición ecológica mundial sigue atada a los intereses económicos.
Mientras los países discuten quién debe pagar, los océanos continúan recibiendo las consecuencias del calentamiento y la contaminación.
Sin un consenso internacional firme, la descarbonización del transporte marítimo seguirá siendo una meta distante, aunque urgente.
El desafío no es solo técnico ni financiero, sino ético y colectivo: entender que cada tonelada de CO₂ en el mar es una deuda con el planeta.
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Fuentes Consultadas
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Organización Marítima Internacional (OMI) – Informe sobre políticas de descarbonización del transporte marítimo (2025).
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FAO y ONU Medio Ambiente – Impacto del transporte marítimo en el cambio climático global.
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The Guardian – U.S. blocks global shipping emissions tax amid climate summit tensions.
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Reuters – Climate talks stall as maritime carbon levy faces opposition.
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Carbon Market Watch – Analysis of maritime emissions and global fiscal mechanisms.



