
Una nueva investigación pone bajo la lupa la influencia de la industria alimentaria en el debate científico sobre los alimentos ultraprocesados. El estudio encontró que el 91,3% de los artículos académicos examinados que cuestionaban el sistema NOVA o defendían posibles beneficios de estos productos tenía al menos un autor con vínculos identificados con empresas del sector. Además, muchas de esas relaciones no aparecían declaradas en las publicaciones.
¿Quién está detrás de los estudios científicos que cuestionan la definición de alimentos ultraprocesados? Una revisión sistemática publicada en American Journal of Public Health ha encontrado un patrón que genera preguntas sobre transparencia y conflictos de interés en la investigación nutricional.
El trabajo, liderado por la investigadora Erica M. LaFata, del Oregon Research Institute, examinó 69 artículos publicados entre 2009 y 2025 que criticaban la clasificación NOVA o destacaban posibles beneficios de alimentos considerados ultraprocesados.
Los resultados revelaron que el 91,3% de las publicaciones tenía al menos un autor con relaciones identificadas con la industria alimentaria.
Además, el 68,5% de los 232 investigadores incluidos había mantenido algún tipo de vínculo con empresas, organizaciones o entidades relacionadas con el sector.
La investigación no afirma que todas las críticas científicas a NOVA sean incorrectas. Sin embargo, señala que la transparencia sobre intereses comerciales es indispensable cuando los resultados académicos pueden influir en políticas de salud pública.
Publicaciones académicas revisadas entre 2009 y 2025.
Tenían al menos un autor con relaciones identificadas con la industria.
De los autores vinculados tenían relaciones detectadas solo en fuentes externas.
El hallazgo: nueve de cada diez publicaciones tenían vínculos con la industria
Los investigadores realizaron una revisión sistemática para determinar la frecuencia y naturaleza de las relaciones entre autores científicos y empresas alimentarias.
El análisis se concentró en publicaciones que cuestionaban aspectos del sistema NOVA, considerado una de las herramientas de referencia para clasificar alimentos según su procesamiento industrial.
También incluyó trabajos que argumentaban que determinados ultraprocesados podían tener características o efectos beneficiosos.
Los resultados mostraron que aproximadamente 63 de los 69 artículos examinados incluían al menos un autor con vínculos identificados con la industria.
La proporción sorprendió a los propios investigadores, especialmente porque muchos de esos vínculos no estaban reflejados en las declaraciones incluidas en los artículos.
Según el estudio, las publicaciones con autores relacionados con la industria también mostraban una mayor tendencia a defender o promover posibles beneficios de los ultraprocesados que las publicaciones sin vínculos identificados.
La pregunta que deja la investigación: cuando una discusión académica puede afectar las ganancias de grandes fabricantes de alimentos, ¿conocen los lectores todas las relaciones comerciales de quienes participan en ese debate?
Cómo descubrieron las relaciones que no aparecían en los artículos
El equipo no se limitó a revisar las declaraciones formales de conflictos de interés.
También buscó información pública sobre los investigadores en perfiles profesionales, biografías institucionales, páginas empresariales y otros registros disponibles en internet.
Este procedimiento permitió identificar relaciones con la industria que no aparecían mencionadas en los artículos académicos examinados.
El 71,1% de los autores con vínculos identificados presentaba relaciones detectadas únicamente mediante estas fuentes externas.
Sin embargo, la investigadora principal aclaró que la ausencia de una declaración no significa necesariamente que el autor haya incumplido las reglas de la revista.
Algunas publicaciones permiten que los propios investigadores determinen qué relaciones anteriores consideran relevantes para informar.
Por eso, el estudio plantea que las políticas actuales de transparencia podrían resultar insuficientes.
Precisión científica: la investigación encontró relaciones identificables con la industria, pero no demuestra que cada artículo haya recibido financiación empresarial directa ni que sus resultados hayan sido manipulados.
¿Qué es NOVA y por qué genera tanta controversia?
La clasificación NOVA fue propuesta en 2009 por el investigador brasileño Carlos Monteiro y colaboradores de la Universidad de São Paulo.
Su objetivo es clasificar alimentos según la naturaleza, el grado y el propósito de su procesamiento industrial.
A diferencia de los sistemas que evalúan exclusivamente calorías, proteínas, azúcares o grasas, NOVA considera la transformación industrial que experimenta un alimento antes de llegar al consumidor.
El modelo divide los alimentos en cuatro grandes categorías.
| Grupo NOVA | Descripción | Ejemplos |
|---|---|---|
| Grupo 1 | Sin procesar o mínimamente procesados. | Frutas, verduras, legumbres, huevos y leche natural. |
| Grupo 2 | Ingredientes culinarios procesados. | Aceite, azúcar y sal. |
| Grupo 3 | Alimentos procesados con pocos ingredientes añadidos. | Algunas conservas, panes tradicionales y quesos. |
| Grupo 4 | Formulaciones industriales ultraprocesadas. | Gaseosas, snacks envasados, fideos instantáneos y diversos productos listos para consumir. |
La controversia aparece especialmente cuando productos muy diferentes en composición nutricional quedan dentro de una misma categoría.
Por ejemplo, determinados panes integrales envasados o yogures saborizados pueden ser clasificados como ultraprocesados, aunque sus perfiles nutricionales sean distintos de los de una gaseosa azucarada.
Los investigadores que critican NOVA consideran que el sistema necesita mejorar la precisión de algunas definiciones y sus aplicaciones a las políticas públicas.
Por otro lado, sus defensores sostienen que el grado y propósito del procesamiento aportan información sobre la calidad de la dieta que no siempre queda reflejada únicamente en el contenido de nutrientes.
¿Por qué una clasificación alimentaria puede afectar a grandes empresas?
La manera de definir un alimento ultraprocesado puede tener consecuencias económicas importantes.
Las autoridades utilizan definiciones nutricionales para diseñar campañas educativas, establecer normas de etiquetado y evaluar qué productos deberían limitarse en colegios y otros espacios públicos.
Una clasificación que incluya una gran cantidad de productos industriales podría afectar su reputación, comercialización y demanda.
Las empresas alimentarias argumentan que una definición demasiado amplia puede perjudicar productos que ofrecen nutrientes importantes o facilitan el acceso a alimentos asequibles.
Los defensores de las regulaciones responden que la transformación industrial y la comercialización de productos formulados para un consumo frecuente merecen una evaluación específica de salud pública.
El estudio de LaFata no resuelve estas diferencias, pero considera fundamental que quienes participan en el debate académico comuniquen sus relaciones con la industria.
Políticas que dependen de cómo se definan los ultraprocesados
Etiquetado: información y advertencias ofrecidas a consumidores.
Alimentación escolar: criterios para los productos disponibles en colegios.
Publicidad: posibles restricciones comerciales dirigidas a menores.
Guías nutricionales: recomendaciones oficiales para una alimentación saludable.
El debate recuerda las estrategias históricas de la industria tabacalera
Los autores de la revisión señalan que sus resultados recuerdan debates históricos sobre la influencia empresarial en investigaciones relacionadas con productos perjudiciales para la salud.
Durante décadas, compañías tabacaleras promovieron controversias científicas sobre los efectos del cigarrillo, incluso cuando se acumulaban evidencias de sus riesgos.
La nueva investigación plantea la preocupación de que algunos actores de la industria alimentaria puedan utilizar estrategias similares para influir en la interpretación de los riesgos asociados a ultraprocesados.
Sin embargo, comparar los posibles mecanismos de influencia no significa que exista evidencia de coordinación empresarial en cada uno de los estudios examinados.
La presencia de vínculos financieros debe entenderse como un factor que exige mayor transparencia y escrutinio metodológico.
Determinar la validez científica de una investigación continúa requiriendo analizar sus datos, métodos, resultados y reproducibilidad.
Un principio fundamental: un conflicto de interés no demuestra fraude. Pero ocultar o no comunicar relaciones relevantes puede dificultar que lectores, profesionales y autoridades evalúen posibles sesgos.
¿Qué dice realmente la ciencia sobre los ultraprocesados?
Numerosos estudios observacionales han encontrado asociaciones entre un consumo elevado de determinados alimentos ultraprocesados y mayores riesgos de obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y otros problemas de salud.
Sin embargo, no todos los productos clasificados como ultraprocesados presentan el mismo perfil nutricional ni necesariamente los mismos efectos.
Una revisión publicada en 2026 en BMJ Nutrition, Prevention & Health destacó que las asociaciones con enfermedades crónicas varían considerablemente entre subcategorías de alimentos.
Asimismo, la revista Nature señaló en 2025 que existe una necesidad legítima de mejorar la definición de ultraprocesados sin perder de vista los problemas derivados de las formulaciones industriales menos saludables.
La evidencia continúa evolucionando y todavía existen preguntas sobre el peso relativo de los nutrientes, los aditivos, la textura, la densidad energética y los patrones de consumo.
Por ese motivo, la discusión científica no debería reducirse a dos posiciones extremas: considerar todos los ultraprocesados igualmente perjudiciales o afirmar que el procesamiento industrial carece de importancia.
La conclusión equilibrada: existe evidencia preocupante sobre las dietas con alto consumo de ultraprocesados, pero también preguntas científicas legítimas sobre las diferencias entre productos y la mejor manera de clasificarlos.
Un problema que también interesa a Perú y América Latina
El debate sobre la clasificación NOVA tiene especial importancia para América Latina, región donde surgió el sistema y donde diversos países han desarrollado medidas para informar a los consumidores sobre productos industrializados.
En Perú, la Ley N.° 30021, Ley de Promoción de la Alimentación Saludable para Niños, Niñas y Adolescentes, constituye parte del marco normativo sobre alimentación y publicidad de determinados productos.
El país utiliza advertencias publicitarias conocidas como octógonos para identificar productos que superan parámetros establecidos de azúcar, sodio, grasas saturadas o contienen grasas trans, según corresponda.
Estas advertencias no equivalen automáticamente a la clasificación NOVA, porque evalúan criterios diferentes.
Un producto puede ser ultraprocesado según NOVA sin necesariamente llevar todos los octógonos, mientras que la clasificación de procesamiento y el etiquetado nutricional responden a enfoques distintos.
Para las políticas públicas peruanas, la investigación refuerza la importancia de evaluar las evidencias científicas y los posibles conflictos de interés de quienes formulan recomendaciones regulatorias.
Cómo reconocer mejor los alimentos ultraprocesados al comprar
Los consumidores no necesitan esperar a que se resuelva todo el debate científico para adoptar decisiones alimentarias razonables.
Las recomendaciones nutricionales generales continúan favoreciendo dietas variadas con presencia habitual de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y otras fuentes de nutrientes.
Al comprar productos envasados, conviene revisar tanto la lista de ingredientes como la información nutricional.
Cinco recomendaciones para consumidores
1. Revisa los ingredientes: identifica azúcares añadidos, saborizantes y otros componentes industriales.
2. Consulta los octógonos: presta atención a advertencias de alto contenido de azúcar, sodio y grasas saturadas.
3. Considera la dieta completa: la frecuencia, las porciones y la variedad alimentaria importan.
4. Prioriza alimentos mínimamente procesados: incorpóralos habitualmente cuando sean accesibles y adecuados.
5. Evita conclusiones absolutas: no todos los productos procesados tienen el mismo valor nutricional.
Lo que el estudio demuestra y lo que todavía no puede demostrar
| Hallazgo confirmado | Limitación |
|---|---|
| El 91,3% de los artículos examinados incluía algún autor con vínculos identificados. | No demuestra que el 91,3% de toda la investigación nutricional esté vinculada a empresas. |
| El 68,5% de los 232 autores tenía alguna relación identificada con la industria. | Las relaciones no eran necesariamente iguales en naturaleza, duración o importancia. |
| Muchas relaciones fueron identificadas solo mediante fuentes externas. | La ausencia de declaración no prueba automáticamente una infracción de las reglas editoriales. |
| Se identificó una asociación entre vínculos industriales y argumentos favorables a ultraprocesados. | La asociación no demuestra causalidad ni invalida automáticamente los argumentos científicos. |
La transparencia científica será una cuestión clave
La investigación abre preguntas sobre cómo las revistas académicas, universidades y organismos públicos deberían gestionar las declaraciones de conflictos de interés.
Los autores sugieren que los lectores necesitan información suficiente para comprender las posibles influencias comerciales detrás de investigaciones relacionadas con políticas alimentarias.
Esto podría impulsar sistemas más claros de declaración de relaciones profesionales, financiamiento, asesorías y colaboraciones institucionales.
También sería importante aplicar criterios equivalentes de transparencia a todos los participantes del debate, independientemente de que apoyen o cuestionen la clasificación NOVA.
La integridad científica exige evaluar tanto la independencia de los investigadores como la calidad de la evidencia que presentan.
Conclusión: la industria alimentaria tiene una presencia significativa en el debate sobre los ultraprocesados
La revisión publicada en American Journal of Public Health revela que el 91,3% de los 69 artículos examinados que criticaban la clasificación NOVA o defendían posibles beneficios de los ultraprocesados incluía al menos un autor con vínculos identificados con la industria alimentaria.
El estudio también encontró que numerosas relaciones profesionales no aparecían declaradas en los propios artículos, lo que plantea interrogantes sobre las normas actuales de transparencia.
Sin embargo, sus resultados no demuestran que todas las críticas sean incorrectas ni que exista manipulación en cada publicación.
La clasificación NOVA continúa siendo objeto de una discusión científica legítima sobre sus fortalezas, limitaciones y aplicaciones a políticas públicas.
El mensaje principal es que la ciencia nutricional necesita tanto investigaciones rigurosas como transparencia sobre los intereses de quienes las realizan. Comprender quién participa en el debate resulta esencial para adoptar decisiones de salud pública basadas en evidencia y proteger la confianza de los consumidores.


