
En una remota región de Alaska, un equipo de arqueólogos descubrió las huellas de una posible vivienda construida hace aproximadamente 13.800 años. Junto a los restos del refugio aparecieron un fogón, herramientas de piedra, agujas para coser, objetos ornamentales y miles de huesos de animales. El hallazgo ofrece una de las imágenes más detalladas de cómo vivían algunos de los primeros pobladores de América al final de la última Edad de Hielo.
Un descubrimiento arqueológico en Alaska podría cambiar lo que sabemos sobre las primeras viviendas humanas de América. Investigadores de la Universidad de Kansas identificaron en el yacimiento de Shég’ Xdaltth’í’ evidencias de una estructura habitacional que podría tener unos 13.800 años de antigüedad.
El hallazgo fue presentado en un estudio publicado el 14 de octubre de 2026 en la revista científica Science Advances, bajo la dirección de la arqueóloga Kelly Graf.
El lugar se encuentra aproximadamente a 55 kilómetros al sureste de Fairbanks, sobre una pequeña elevación cercana al río Tanana.
Los investigadores encontraron restos de un fogón, un hoyo y una marca conservada en el suelo que parece corresponder al lugar donde estuvo colocado un poste de madera.
Esta combinación sugiere que los antiguos habitantes construyeron una especie de refugio inclinado o tienda para protegerse del ambiente frío de Alaska.
Sin embargo, el descubrimiento es mucho más amplio: el equipo recuperó más de 80.000 restos y muestras arqueológicas que permiten reconstruir actividades relacionadas con la alimentación, la fabricación de herramientas y la vida cotidiana.
Antigüedad aproximada de la ocupación más antigua.
Herramientas, huesos, fragmentos y otras muestras arqueológicas.
Registradas hace 13.800, 13.000 y 12.700 años.
Una vivienda prehistórica escondida bajo el suelo de Alaska
El sitio arqueológico recibe el nombre de Shég’ Xdaltth’í’, una expresión en lengua atabascana indígena de Alaska que significa aproximadamente «ellos estuvieron allí».
Hoy el lugar está rodeado por árboles y bosques de píceas. Pero hace casi 14.000 años tenía un aspecto completamente diferente.
Durante los últimos momentos de la Edad de Hielo, el paisaje estaba dominado por tundras de arbustos y extensas zonas abiertas.
Los primeros habitantes debían enfrentarse a temperaturas bajas y a un ambiente que exigía conocimientos especializados sobre los animales, las estaciones y los recursos disponibles.
Los arqueólogos encontraron una concentración de materiales que sugiere la existencia de un refugio humano.
La evidencia incluye un fogón, un pequeño hoyo y una huella de suelo asociada posiblemente a un poste que sostenía una cubierta hecha con materiales orgánicos.
Es posible que el refugio tuviera una estructura semejante a una tienda o una cubierta inclinada apoyada sobre postes.
Como la madera y otros materiales orgánicos no se conservaron completamente, todavía no puede reconstruirse con certeza la forma original de la vivienda.
La importancia del descubrimiento: los vestigios podrían representar la estructura habitacional humana más antigua identificada hasta ahora en América del Norte, aunque su interpretación continúa abierta a nuevas investigaciones.
Un campamento donde los primeros habitantes cocinaban, trabajaban y descansaban
Lo extraordinario del sitio es que no parece haber funcionado únicamente como una parada momentánea de cazadores.
Las excavaciones revelaron espacios de actividad claramente diferenciados, una concentración abundante de herramientas y restos de procesamiento de alimentos.
Uno de los descubrimientos más importantes fue un gran horno excavado en la tierra, donde aparecieron carbón y numerosos huesos de animales.
Cerca de esta estructura encontraron un yunque de piedra, herramientas para golpear y una gran cantidad de huesos de bisonte fragmentados.
Kelly Graf explicó que probablemente los habitantes utilizaban esas piedras para romper los huesos, extraer la médula y recuperar grasa animal.
Estas prácticas habrían sido fundamentales para conseguir energía durante periodos de frío extremo.
El horno también pudo utilizarse para cocinar carne lentamente y preparar alimentos destinados a un grupo familiar.
¿Qué actividades realizaban en el campamento?
Preparar alimentos: cocinaban carne en hornos y fogones.
Procesar animales: rompían huesos para recuperar médula y grasa.
Fabricar herramientas: trabajaban piedra y materiales animales.
Coser y reparar objetos: utilizaban agujas de hueso.
Refugiarse: posiblemente construyeron una cubierta para protegerse del clima.
Hallan agujas de hueso que podrían ser las más antiguas de América
Entre los objetos recuperados aparecen ocho fragmentos de agujas fabricadas a partir de huesos de aves.
Estas pequeñas herramientas representan un hallazgo importante porque permiten comprender cómo los primeros pobladores confeccionaban ropa y otros artículos necesarios para sobrevivir.
En una región fría como Alaska, disponer de prendas resistentes, ajustadas y reparables podía marcar una diferencia considerable.
Las agujas sugieren conocimientos técnicos sofisticados para trabajar materiales frágiles y producir instrumentos especializados.
Los investigadores consideran que podrían encontrarse entre los testimonios más antiguos de herramientas de costura de este tipo en el hemisferio occidental.
También recuperaron un colgante elaborado con asta animal, perforado en uno de sus extremos.
Su presencia indica que las comunidades no dedicaban todo su tiempo exclusivamente a conseguir alimentos, sino que también producían objetos de adorno o significado personal.
Leer más: Prehistoria: herramientas, antiguos asentamientos y secretos de los primeros seres humanos
Los restos de animales podrían aportar pistas sobre los primeros perros domesticados
Otro aspecto fascinante es la recuperación de huesos de más de una docena de animales parecidos a lobos.
Los análisis muestran que algunos de estos restos pertenecían a cánidos con características distintas de las poblaciones de lobos grises actuales y de otros grupos conocidos del Pleistoceno.
Los investigadores señalan que ciertos rasgos podrían relacionarlos con poblaciones procedentes de Beringia asiática.
Esto abre la posibilidad de que algunos habitantes del campamento convivieran con perros tempranos o con cánidos cercanos al proceso de domesticación.
Sin embargo, todavía no se ha demostrado que esos animales fueran perros domésticos.
Para resolver la cuestión serán necesarios estudios adicionales de ADN antiguo, características anatómicas y contexto arqueológico.
Precisión científica: los huesos encontrados sugieren una posible relación con cánidos antiguos, pero no permiten afirmar que se haya descubierto definitivamente el perro domesticado más antiguo de América.
Las herramientas conectan Alaska con la antigua Siberia
El descubrimiento también ofrece pistas sobre las relaciones entre los primeros pobladores de América y las comunidades de Asia nororiental.
Los arqueólogos recuperaron herramientas bifaciales de piedra, fabricadas mediante el trabajo de ambas caras de una pieza.
Algunas presentan una forma distintiva semejante a un diamante.
Estas herramientas se parecen a objetos documentados en regiones situadas al otro lado del antiguo puente terrestre de Bering.
También se encontraron fragmentos de obsidiana que procedían de fuentes geológicas situadas a cientos de kilómetros del campamento.
Esto demuestra que los materiales circulaban a través de territorios muy amplios, aunque todavía no se conoce si llegaron mediante desplazamientos directos o intercambios entre diferentes comunidades.
Las semejanzas tecnológicas refuerzan la importancia de Beringia como una región de conexiones humanas y culturales.
Beringia: la antigua conexión terrestre entre Asia y América
Durante la última Edad de Hielo, grandes cantidades de agua permanecían almacenadas en glaciares continentales.
Como consecuencia, el nivel del mar era considerablemente inferior al actual.
Esta situación dejó expuesta una extensa región conocida como Beringia, que conectaba partes de Siberia y Alaska.
La zona no era simplemente un pequeño puente, sino un territorio amplio, con ambientes donde habitaron animales y comunidades humanas.
El desplazamiento de antiguos grupos humanos a través de Beringia constituye una parte fundamental de las investigaciones sobre el poblamiento americano.
Cuando el nivel del mar aumentó, muchas de esas tierras quedaron sumergidas y se formó el actual estrecho de Bering.
El yacimiento Shég’ Xdaltth’í’ ofrece evidencias excepcionales sobre cómo algunas comunidades se organizaban y utilizaban ese territorio al final del Pleistoceno.
¿Es realmente la vivienda más antigua de América?
La investigación plantea que las evidencias encontradas podrían representar uno de los casos más antiguos de estructura habitacional humana en América del Norte.
Sin embargo, los científicos todavía necesitan precisar la interpretación de las marcas identificadas en el suelo.
La antigüedad del campamento tampoco significa que sus habitantes fueran los primeros seres humanos en pisar América.
Existen yacimientos anteriores en distintas regiones del continente, algunos de los cuales siguen siendo objeto de debates sobre cronología e interpretación.
La particularidad de Shég’ Xdaltth’í’ es la conservación de un conjunto extraordinariamente rico de evidencias domésticas de hace casi 14.000 años.
| Afirmación | Estado científico |
|---|---|
| Hubo presencia humana hace 13.800 años | Respaldada por las excavaciones y dataciones del sitio. |
| Existió una vivienda o refugio | Interpretación plausible a partir de fogón, hoyo y marca de poste. |
| Es una de las viviendas más antiguas identificadas | Posibilidad destacada por los investigadores, pendiente de corroboración adicional. |
| Es el asentamiento humano más antiguo de América | No. Se conocen evidencias de presencia humana anteriores. |
| Había perros domesticados | Hipótesis aún no demostrada. |
Un campamento utilizado durante aproximadamente mil años
El equipo identificó tres etapas arqueológicas principales que corresponden aproximadamente a 13.800, 13.000 y 12.700 años atrás.
Estas fechas indican que el lugar fue utilizado en diferentes periodos, posiblemente por distintas generaciones de comunidades de cazadores-recolectores.
Eso no significa que una misma familia haya permanecido allí de manera continua durante mil años.
Más bien, su posición geográfica pudo convertirlo en un lugar favorable al que distintos grupos regresaban cuando las condiciones ambientales y los recursos lo permitían.
El área ofrecía acceso al río Tanana y a territorios donde podían encontrarse animales de gran tamaño.
Entre las especies identificadas en los restos arqueológicos figuran mamuts, bisontes, caballos y caribúes.
La abundancia y distribución de los materiales permiten estudiar cómo los grupos organizaban sus actividades en diferentes momentos.
Un descubrimiento que también reconoce el conocimiento indígena
La investigación ha contado con la participación de representantes y mayores de comunidades indígenas de Alaska.
El nombre Shég’ Xdaltth’í’ refleja esa relación con el territorio y con las comunidades que conservan conocimientos sobre la historia de la región.
Kelly Graf explicó que el equipo busca continuar incorporando la participación de jóvenes indígenas en futuras campañas arqueológicas.
La colaboración permite que las investigaciones arqueológicas integren conocimientos locales y perspectivas culturales, además de las técnicas científicas utilizadas para estudiar el pasado.
También ayuda a comprender que estos descubrimientos forman parte de una historia humana vinculada con los antepasados de pueblos indígenas actuales.
¿Por qué este hallazgo cambia nuestra comprensión de los primeros americanos?
Durante mucho tiempo, las explicaciones sobre el poblamiento temprano de América prestaron especial atención a los desplazamientos de pequeños grupos de cazadores.
Sin embargo, el campamento de Alaska muestra que algunas comunidades también desarrollaban espacios domésticos complejos.
Sus habitantes no se limitaban a seguir animales o fabricar armas ocasionalmente.
También organizaban lugares donde cocinar, procesar alimentos, fabricar herramientas, posiblemente coser ropa y refugiarse.
La combinación de estas actividades indica conocimientos avanzados sobre el ambiente y una capacidad considerable para adaptarse a las condiciones del extremo norte.
Para los investigadores, el descubrimiento proporciona una perspectiva mucho más humana y cotidiana de las primeras comunidades que habitaron Beringia.
Conclusión: una posible vivienda que revela cómo vivían los primeros pobladores de América
El descubrimiento de Shég’ Xdaltth’í’, en Alaska, aporta nuevas evidencias sobre la vida humana hace aproximadamente 13.800 años.
Las excavaciones identificaron restos de una posible vivienda, fogones, un horno excavado en la tierra, herramientas de piedra, agujas de hueso, objetos ornamentales y numerosos restos de animales.
Los hallazgos muestran que algunas comunidades de Beringia contaban con técnicas complejas para alimentarse, trabajar materiales y adaptarse a ambientes fríos.
También ofrecen pistas sobre las conexiones culturales entre Asia y América, además de interrogantes sobre la relación de los primeros habitantes con antiguos cánidos.
Aunque todavía no está demostrado que se trate de la vivienda más antigua de todo el continente, el lugar representa una de las evidencias más completas de vida doméstica humana de aquella época.
Más que descubrir una casa antigua, los arqueólogos han encontrado una ventana a la vida cotidiana de personas que habitaron América hace casi 14.000 años. Un hallazgo que ayuda a comprender que el poblamiento del continente también implicó construir refugios, preparar alimentos, desarrollar herramientas y crear comunidades capaces de prosperar en entornos extremos.


