
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) lanzaron un plan global conjunto para reducir en un 50 % el desperdicio de alimentos hacia 2030, con el objetivo de disminuir las emisiones de metano y promover un modelo más sostenible de producción y consumo.
1. Un desafío mundial con impacto climático directo
Cada año, el mundo desperdicia cerca de 1.300 millones de toneladas de alimentos, equivalente a un tercio de la producción total, según cifras de la FAO.
Ese volumen no solo representa una tragedia ética y económica, sino también un problema ambiental de gran magnitud, ya que los alimentos descompuestos en vertederos liberan metano (CH₄), un gas con 80 veces más poder de calentamiento que el CO₂ en los primeros 20 años de su liberación.
El nuevo plan de la ONU, titulado “Food Waste Action Roadmap 2025–2030”, establece metas concretas y medibles para reducir las pérdidas a lo largo de la cadena de valor —desde la cosecha hasta el consumo doméstico— y promover economías circulares alimentarias en más de 90 países.
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“Cada alimento que termina en la basura no solo desperdicia recursos, también alimenta la crisis climática,” afirmó Inger Andersen, directora ejecutiva del UNEP.
2. Objetivos principales del plan global
El plan conjunto FAO–UNEP busca articular acciones entre gobiernos, empresas, productores y consumidores bajo tres ejes estratégicos:
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Prevención del desperdicio en la producción y distribución:
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Inversión en tecnologías de conservación y transporte refrigerado en países en desarrollo.
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Mejora de la planificación de cosechas y almacenamiento rural.
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Transformación del consumo urbano:
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Campañas de educación alimentaria y etiquetado inteligente.
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Incentivos para restaurantes y supermercados que donen alimentos excedentes.
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Gestión sostenible de residuos orgánicos:
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Implementación de programas de compostaje urbano.
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Conversión de residuos alimentarios en biogás y fertilizantes naturales.
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El plan proyecta evitar la emisión de hasta 150 millones de toneladas de metano y reducir el uso de agua y suelo agrícola en un 20 %.
3. La conexión entre metano y desperdicio de alimentos
El metano (CH₄) es el segundo gas de efecto invernadero más importante después del dióxido de carbono, pero con un impacto climático mucho más inmediato.
Aproximadamente el 25 % de las emisiones globales de metano provienen de los residuos orgánicos, en particular de los alimentos desechados que se descomponen sin oxígeno en vertederos.
Reducir el desperdicio alimentario no solo ayuda a combatir el hambre y a proteger recursos naturales, sino que también constituye una de las medidas más efectivas a corto plazo para mitigar el cambio climático.
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“Si el desperdicio de alimentos fuera un país, sería el tercer mayor emisor del planeta, después de China y Estados Unidos,” recordó Qu Dongyu, director general de la FAO.
4. Participación regional y cooperación internacional
La estrategia incluye una red global de implementación coordinada por la Coalición Global para la Reducción del Metano (GCMI) y el Programa One Planet Network.
Se prevé la cooperación técnica con países de América Latina, África y el Sudeste Asiático, regiones donde las pérdidas postcosecha son mayores debido a infraestructura deficiente y falta de refrigeración.
En América Latina, la FAO apoyará proyectos en Perú, Colombia y Brasil orientados a optimizar la logística agrícola, promover mercados de alimentos recuperados y fortalecer las plataformas de compostaje comunitario.
Asimismo, el plan contempla alianzas con el sector privado, incluyendo supermercados, cadenas hoteleras y plataformas tecnológicas que aplican IA para medir y gestionar desperdicios en tiempo real.
5. Beneficios económicos y sociales
De acuerdo con la ONU, reducir a la mitad el desperdicio global de alimentos podría ahorrar más de US$ 700 mil millones anuales y alimentar a 2 mil millones de personas adicionales.
El modelo se sustenta en el principio de la “triple ganancia” (triple win): beneficios para el clima, la economía y la seguridad alimentaria.
Además, la iniciativa refuerza los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), especialmente el ODS 12 (Producción y consumo responsables) y el ODS 13 (Acción por el clima).
“Combatir el desperdicio de alimentos es una forma inmediata y accesible de proteger al planeta,” subrayó Andersen durante la presentación del plan en Nairobi.
Conclusión
El plan global de la UNEP y la FAO representa una de las estrategias más ambiciosas de la década para enfrentar simultáneamente la inseguridad alimentaria y la crisis climática.
Reducir a la mitad el desperdicio de alimentos en cinco años no solo significará menos metano en la atmósfera, sino más justicia, eficiencia y sostenibilidad en el sistema alimentario mundial.
En tiempos de emergencia ambiental, cada alimento recuperado es una acción climática concreta.
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Fuentes Consultadas
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UNEP – Food Waste Action Roadmap 2025–2030.
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FAO – Reducing Food Loss and Waste: Global Initiative 2025.
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Global Methane Initiative – Methane Reduction Strategies Report 2025.
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World Resources Institute – The Environmental Cost of Food Waste.
-
The Guardian – UN launches global plan to cut food waste and methane emissions.



